Cosas veredes si la naturaleza observades

DEAMBULANDO

Publicado: 23 jul 2025 - 01:32

Opinión en La Región
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Cuando de paso por el monte, en una térrea pista curioseaban dos jabatos. Al irrumpir la madre jabalina que era invisible, fue como al rescate de sus jabatos o rayones, porque crías rayadas cual tigres. Confiados aguardaban mi cercanía pero la avisada madre sabe que el humano el mayor predador de la especie y de todas los animales. Repuesto de mi súbito susto y del de la madre, monte adelante sorprendo a un águila posada en medio del polvoriento camino que emprende pesado vuelo como huyendo del enemigo a toda prisa; este contraste de las especies silvestres y las otras silvestres. acaso más urbanizadas por la habitualidad del contacto humano, dan lugar a que la misma espantadiza pega o urraca en el campo no se deje acercar a menos de veinte metros o más o los silvestres patos, ánsares o azulones que en cualquier embalse emprenderán veloz vuelo al menor atisbo de nuestra presencia.

Infundimos respeto incluso al mismo lobo feroz de caperucita y de las fábulas esópicas o de los émulos Iriarte o Samaniego. Así que cuando alguien pregunta si peligroso andar por el monte, podría decirse que sí pero más en las ciudades. Ahora incluso hay alarma por la irrupción del oso pardo cantábrico que ya ha traspasado la lindes astures y castellano-leonesas, porque no solo los alados no conocen fronteras.

Como la cosa va de sorpresas, en un claro de esta boscosa Galicia que lo es cada vez más a pesar de los devastadores incendios, un águila, miñato o buxato, como aquí decimos a la especie más abundosa, en circulares vuelos aprovechando alguna termal corriente cuyo diámetro puede exceder a los 100 metros, y que a medida que se yerguen van formando las masas nubosas, es acometida por dos belicosas urracas que a pesar de su aparente vuelo de cierta ondulación, rapidísimas para picotear a la reina de los cielos y hacerla desistir de su vuelo de planeo para localizar presas. Esto me recuerda a dos belicosos mirlos picoteando a una culebra de escalera que buscaba la salvación en la huida entre la maraña herbosa.

Si nos parásemos a contemplar, hasta un simple hormiguero veríamos que, aunque taponado y apelmazado de tierra, no tardaran los laboriosos insectos en abrir otro hueco, para reanudar esas interminables filas portando alguna gramínea no se sabe desde dónde sin perder la línea o via militar por donde desfilan más cargadas que su propio peso con un tesón tal que, desbaratadas las filas, volverán a rehacerlas porque no en vano las feromonas, esas sustancias que segregan, les van marcando el camino; incluso las exploradoras al retorno del almacén desde donde surten al hormiguero, van marcando el vial.

Fue como un pasar la víspera de lucidas viñas para ser vendimiadas, y al día siguiente por el mismo lugar, vendimiadas pero por bandadas de estorninos

Con los calores, solamente el ronroneo de las rulas o rolas o palomas torcaces que nos visitan por mayo, y en agosto la desbandada a sus cuarteles de invierno. Andan pesados los colúmbidos entre amoríos, crianza y abundante comida para ser pasto, confiados como se hallan, de un par de gatos, negro y blanco, que agazapados entre la yerba se abatirán sobre los alados su más exquisito bocado que nunca lo será el ratón por más que lo ahuyente o cace.

Lejana aquella estampa del labrador y el azadón y no pocas veces la pala para trozar cualquier culebra que por el campo hallare. Hubo un jornalero que mató tres en un día. Ciertamente que celebrado por todos por el miedo bíblico a todo lo que repta, mientras el labrador más que jornalero se afanaba en tapar agujeros causados por el topo en los caballones de todo el sembrado que proliferaban sin tasa, consumían el agua de riego y encima se multiplicaban. Mal sabía el agricultor que eliminando a las serpientes, más le suponía de coste y tiempo para echar adelante su rianxo.

Fue como un pasar la víspera de lucidas viñas para ser vendimiadas, y al día siguiente por el mismo lugar, vendimiadas pero por bandadas de estorninos. Me impactó aquel despoje por una plaga inesperada que dejó al viñador de una hectárea descompuesto y sin uvas.

Vemos que nunca se pierde el tiempo y sí se aprovecha si ávidos de naturaleza no perdemos detalle de sus prodigios. No hay como alguna afición que despierte nuestra curiosidad como la de un amigo que ahora en edad más allá de la adultez, provisto de prismáticos, bloc de notas y una aplicación del móvil para identificar pájaros por sus trinos o cantos, ha hallado una satisfacción más allá de la que su no aburrida vida le deparaba.

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