Fernando Ramos
MI PLAN PERFECTO
Evocaciones de aquellos veranos ourensanos de antaño
COSAS QUE NO CONVIENEN
1 Las megaplantaciones de árboles extranjeros. Un monocultivo no es un bosque vivo, sino una multiplicación de la muerte, la puerta abierta al incendio y al desierto. La naturaleza es complejidad y solo en la complejidad habitan las criaturas sensibles. El silencio mortal de un monocultivo es también el silencio de una humanidad desahuciada.
2 El río estrangulado. Intervenir en el sistema vascular del mundo responde a una torpeza fenomenal cortoplacista. Hay un río debajo del río, que fluye con la verdad que no son capaces de ver los hombres.
3 Los desiertos verdes. Cada prado segado, cada finca rasurada, cada árbol cercenado, es una llamada al erial y al sobrecalor. Sin vegetación, no prosperan los insectos, se expulsa al zorro y a la marta, las lluvias se retiran y avanza el páramo.
4 La noche robada. Los cielos nocturnos pierden estrellas por la hiperluz obsesiva del miedo y la dominación. Iluminar la noche no significa progreso sino terrorismo al sagrado descanso de la tierra y una profanación al misterio del firmamento.
5 El purín de las granjas. La ganadería industrial nace del abuso, provoca sufrimiento y agota los suelos. Las granjas, ubicadas en lugares secretos, son plantas de encarcelamiento que niegan la animalidad y cercenan el sagrado sacrificio de comernos unos a otros en la gran transformación interespecies. Su existencia es nuestro final.
6 El último bosque ancestral. Que debe resalvajizarse para que los árboles caminen hacia un destino que ellos conocen. Ay del pobre de espíritu, que en vez de la maravilla del bosque apenas ve un almacén de leña.
7 La memoria del adentro. En la torticera mentalidad contemporánea que ve a la tierra como un recurso del que extraer “valor” comienza la gran ignorancia. Adueñarse impunemente de minerales y aguas rompiendo la bendita montaña roba la memoria ancestral de la piel del planeta. El arañazo a la tierra lo es a nosotros mismos.
8 Que solo existe nuestro presente. Apenas ha habido cien generaciones desde que terminó la prehistoria. Somos el pasado que estamos destruyendo y también el futuro que no vendrá. Toda la historia transcurre en este instante que somos incapaces de ver.
9 Que en el suelo está la vida. La energía de los organismos vivos se libera para seguir su camino en otros cuerpos. Un flujo integrado en el propio flujo cósmico que seguirá fluyendo después de que hayamos muerto adoptando infinidad de formas nuevas. Deberíamos besar donde pisamos. En esa vibración está todo.
10 El silencio hacia el que vamos. Somos amnesia sobre amnesia. Olvidamos cómo era la naturaleza que han destruido los anteriores. No recordamos ya al coro de pájaros, ni la vivacidad efervescente de la tierra, ni los grandes árboles que hicieron barcos y catedrales. Esta nada es lo que nos queda. El silencio destructivo de nuestra ambición suicida.
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