Manuel Orío
RECORTES
Responsabilidad compartida
CRÓNICA PERSONAL
Hasta que se concretó la coalición en Andalucia, ni PP ni Vox parecían entusiasmados por la posibilidad de acuerdo; la animadversión era evidente, llegaba incluso al terreno personal, y las diferencias ideológicas parecían imposibles de superar. Sin embargo, en cuestión de horas, Moreno y Gavira sortearon las dificultades, firmaron el acuerdo de coalición, hicieron público un programa con decenas de puntos que evidentemente llevaban semanas preparando sus adjuntos sin excesivas esperanzas de lograr un pacto, los dos bandos estaban convencidos de que cedería el otro, y el proyecto ha iniciado su andadura.
No solo eso, sino que Feijóo, Moreno, Abascal y Gavira actúan como si hubieran alcanzado el objetivo que todos ellos se habían marcado tiempo atrás. Actúan como sj formaran parte de un mismo equipo y transmiten la idea de que, esta vez sí, Pedro Sánchez tendrá que abandonar la Moncloa. Porque las urnas le serán muy adversas, y porque varios de sus socios de investidura ya no le consideran el presidente adecuado para seguir marcando el destino de los españoles. También, porque la mayoría de esos socios recibirán el castigo de la urnas por el apoyo que prestan a un gobierno con una corrupción tan escandalosa que destacados izquierdistas consideran que peor es para sus siglas seguir apoyando al sanchismo que permitir un gobierno del PP con Vox. Aunque hasta ahora consideraban Vox una maldición para los españoles.
Sánchez utiliza con inteligencia el miedo para desacreditar a la alianza PP- Vox
Es lógico que la alianza provoque sospechas sobre su fortaleza. Son muchos los reproches mutuos, que además parecían sinceros. Al PP se le notaba de lejos su incomodidad con las políticas ultraderechistas aunque Abascal formó parte del PP hasta hace cuatro días, y a Vox le molestaba con razón el desprecio de Génova hacia sus siglas. Por tanto cuesta admitir que si les une un proyecto compartido o les une la necesidad de mandar a Pedro Sánchez a casa a través de las urnas. Esto es infinitamente más voluntarioso que lo mucho que les separa.
El tiempo pone todo en su sitio, y el día a día de los próximos meses demostrará primero si los gobiernos de coalición funcionan o caen ante las muchas diferencias que les separan.
Se advierten algunas señalas a tener en cuenta. Abascal, que no mandaba en el partido, en manos de un par de personas que ni siquiera pertenecen a la ejecutiva, ha cogido las riendas; o eso parece, porque ni Méndez Monasterio ni Ariza se dejan ver excesivamente, pero puede formar parte de una estrategia para presentar a Abascal como el indiscutible líder.
Segunda señal: en el centro derecha donde es muy amplia la animadversión hacia Vox, casi tanta como la que le demuestran los socios de Sánchez, empieza a calar la idea de que no puede ser peor un gobierno con Vox que un gobierno con una ultraizquierda populista, independentista, con pasado terrorista en algún caso, e insaciable en sus exigencias dinerarias y competenciales.
Sánchez utiliza con inteligencia el miedo para desacreditar a la alianza PP- Vox. No quiere admitir que infinidad de españoles temen más a su continuidad: está dejando a España devastada. Y avergonzada por la corrupción.
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