Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
El puente Carlos
TRIBUNA
La vida consiste en ir dejando cosas por el camino: amores, amigos, recuerdos, sueños y pesadillas. Y también álbumes de de fútbol, como aquel del Mundial de Alemania de 1974, el primero con cromos autoadhesivos, con jugadores que me resultaban tan llamativos como el mariscal Roberto Perfumo, encargado de marcar al genial Johan Cruyff en el 4-0 que la Naranja Mecánica le endosó entonces a los albicelestes, el carismático delantero italiano de la SS Lazio Giorgio Chinaglia, al que sus archienemigos de la Roma apodaban El Jorobado, el portero de Haití Henry Françillon, que en la fase de grupos tuvo que recoger 14 balones de las redes de su propia portería, o el máximo goleador de dicha competición, el estilete pomeranio Grzegorz Lato de la selección de Polonia, con 7 tantos en 7 partidos.
Y es que cada 4 años, el planeta Tierra se transforma en un colosal estadio de fútbol, con millones de aficionados ajustando sus horarios, trasnochando, padeciendo y celebrando cada triunfo y cada derrota, con una intensidad de difícilmente comparable.
Pero más allá del espectáculo deportivo, los profesionales sanitarios vienen prestando atención a sus posibles repercusiones sobre la salud, desde los efectos perniciosos de las emociones descontroladas, los trastornos en el sueño e incluso el no prestar la debida atención a síntomas agudos, como por ejemplo un dolor torácico, aunque solamente sea durante 90 minutos.
En las personas sanas estos cambios apenas tienen repercusión, pero no ocurre así en aquellos prójimos con enfermedades cardiovasculares o trastornos de ansiedad
Comentábamos las repercusiones sobre el descanso y el sueño, especialmente cuando los partidos se disputan en husos horarios lejanos, cuando millones de aficionados alteran sus ritmos circadianos para animar a sus selecciones nacionales. Los expertos hablan de un auténtico jet lag social, más preocupante en niños y adolescentes. Estos desórdenes del sueño pueden repercutir en la concentración, el rendimiento laboral, el estado de ánimo e incluso en el funcionamiento del sistema inmunitario.
¿Y qué decir de nuestro estado emocional? Una prórroga agónica o una decisiva tanda de penaltis desencadenan respuestas similares a una situación de estrés verdadero, cuando el organismo libera cortisol, se incrementa la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, mientras disminuyen la testosterona, la oxitocina, las endorfinas y otras hormonas del bienestar.
En las personas sanas estos cambios apenas tienen repercusión, pero no ocurre así en aquellos prójimos con enfermedades cardiovasculares o trastornos de ansiedad.
A todo ello debemos sumar el abandono temporal de hábitos saludables, con un mayor consumo de bebidas alcohólicas y el incremento de los accidentes relacionados con las desatadas celebraciones: al menos 7 fallecidos en los festejos de México tras su pase a octavos de final, con 17 heridos por atropellos.
Sostiene Aloysius que a pesar de todo no debemos dejar de disfrutar de esta celebración futbolística mundial. Porque el deporte también sirve para compartir emociones e incrementar la cohesión social.
Y recuerden, lo más importante es llegar sanos al próximo partido, como nuestros jugadores favoritos.
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