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Publicado: 08 ago 2026 - 00:10
La Región

La notica del The Times acerca de que la final de la Copa Mundial de fútbol de 2030 se celebrará en Marruecos ha sido desmentida por la FIFA a las autoridades deportivas españolas, que junto con las de Portugal y el país magrebí organizan el campeonato. El rumor, antesala de la noticia, no dejaría de ser uno más en la lucha por ser la sede de esa final si el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, no hubiera dado ya suficientes muestras de estar a favor de la posición marroquí y de que en los últimos tiempos ha mantenido una posición contraria a los intereses colectivos del fútbol, porque prima su deseo de permanecer al frente de la presidencia de ese organismo y anda recabando apoyos para su continuidad. Su actuación en la Copa Africana de Naciones, del pasado año ganada por Marruecos en los despachos, y su posición a favor del país magrebí cuando se han suscitado polémicas sobre la organización del Mundial 2030, deben motivar que los representantes políticos y deportivos españolas estén atentos a sus movimientos.

Que el fútbol, sobre todo cuando se trata de selecciones, tiene implicaciones políticas y es un instrumento más para hacer la guerra por otros medios, quedó claro desde que se impuso la diplomacia del pingpong entre la China de Mao y los Estados Unidos de Nixon, y a partir de ahí se han registrado sobrados ejemplos de esta función y de ser símbolo de cooperación entre países. La idea del expresidente de la Federación Española de Fútbol de que el Mundial tuviera un carácter ibérico con la contribución de Portugal, iba en esa línea, luego Pedro Sánchez invitó a sumarse a la iniciativa a Marruecos y desde entonces Mohamed VI ha jugado fuerte esta baza. Pero el deporte lo que no arregla son los problemas internos de Marruecos, una autocracia monárquica con atisbos democráticos en la que el respeto por los derechos humanos es una entelequia y el desarrollo económico del país no llega a una población que se deja engañar y quiere escaparse de él. Marruecos está interesado en convertir a Casablanca en la megalópolis del norte de África, allí se encuentra la mezquita Hassan II, la más grande construida fuera de Arabia Saudí y ahora el estadio Mohamed Vi, que con capacidad para 115.000 espectadores será el más grande del mundo.

Partidos de la izquierda política española y portuguesa han solicitado que se revise la coorganización del Mundial 2030 con Marruecos

Infantino, con su ambición personal, ha dado muestras de que en el manejo de la FIFA lo que menos le interesa son los valores que transmite el deporte. Su intento de privatizar la Copa del Mundo mediante la venta de participaciones a inversores privados ha sido rechazado tras la repulsa de numerosas federaciones nacionales y de la UEFA en su conjunto, y su actitud en el último Mundial retirando una tarjeta roja a un jugador estadounidense rindiendo pleitesía a Donald Trump causó un bochorno mayúsculo, lo que da idea de cómo está subvirtiendo los principios de la organización que lidera, de carácter políticamente neutral pero que utiliza para blanquear a países autocráticos con la concesión del Mundial a Rusia, Qatar, y el previsto en Arabia Saudí. Además, ha quedado al descubierto el cambalache de ofrecer la final del Mundial 2030 a Marruecos a cambio de los votos de federaciones africanas para su continuidad.

Partidos de la izquierda política española y portuguesa han solicitado que se revise la coorganización del Mundial 2030 con Marruecos, una circunstancia que es difícil que ocurra ya a estas alturas, y lo relacionan con la falta de respeto a los derechos humanos y a la avalancha sobre Ceuta, pero hay quien relaciona la propuesta de Infantino con la supuesta debilidad de España en el ámbito internacional tras los enfrentamientos que el Gobierno mantiene con el presidente de Estados Unidos, por su posición contraria a la guerra ilegal de Irán, y con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por el genocidio de Gaza.

En sentido contrario se ha demostrado que, tras los sucesos de Ceuta y la reacción insolidaria de 22 países, el Gobierno es capaz de hacer que la Unión Europea recondujera esas críticas, apoyara la reacción del Gobierno y quedara claro que ni la regularización de migrantes había causado un efecto llamado, ni que el Espacjio Schengen estuviera en peligro. Pero cuando el río suena, el Gobierno debe estar muy pendiente para defender su derecho a que la final del Mundial se organice en España, entre otros motivos porque sus selecciones femenina y masculina son las actuales campeonas mundiales, y porque sea cual sea el baremo que se utilice frente a Marruecos, nuestro país gana por goleada.

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