Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Es, sin lugar a dudas, una de las palmeras más espectaculares y de las más utilizadas como parte de nuestras plantas de interior. Además de su belleza, perfecta para poner un aire tropical a cualquier espacio, los cuidados de la kentia no son complejos ni siquiera para quienes se inician en cuidar plantas. Un detalle que, sumado al hecho de que es una de las palmeras más resistentes para interiores, hacen de ella una de las plantas preferidas para quienes buscan poner un toque exótico a cualquier interior.
Antes de saber cuáles son sus necesidades de cultivo, conviene conocerla un poco más porque es una auténtica peculiaridad de la naturaleza. A diferencia de otras plantas, la Kenia solo existe de forma natural y silvestre en un lugar del mundo: la isla Lord Howe. Un atolón volcánico situado a 600 kilómetros al este de Australia, en pleno Pacífico, donde esta preciosa palmera endémica llega a alcanzar los 12 metros de altura. Unas dimensiones sustancialmente distintas a las que tiene su cultivo en maceta, donde suele oscilar entre los 2 y los 3 metros de altura.
Es una de las plantas purificadoras del aire según la NASA. Su presencia puede permitirnos no respirar compuestos tóxicos presentes en productos de limpieza y algunos muebles que puede haber en nuestra habitación, aunque no es la única razón para tenerla en este espacio. Las hojas de la kentia atrapan las partículas del polvo en suspensión evitando que lo respiremos.
Una de las características de esta preciosa palmera es que es de crecimiento lento. Algo que conviene conocer para evitar frustrarnos o pensar que no le estamos dando a nuestra planta lo que necesita. Si este es nuestro caso y nuestra palmera no crece, conviene revisar si tiene suficiente luz y la pauta de abonado que precisa.
Y un detalle más para amarla profundamente. La kentia es una planta segura si convivimos con perros o gatos. Otro detalle para disfrutarla todavía más.
1. La luz, siempre indirecta y preferiblemente abundante.
Uno de los motivos por los que la palma kentia es habitual es su increíble capacidad de adaptarse a espacios con luz media y baja. Algo que no sucede con el resto de palmeras, mucho más demandantes en este aspecto.
2. La temperatura, uno de los cuidados que debemos vigilar
Sus orígenes tropicales son una indicación de sus necesidades de temperatura. La kentia es una planta friolera que prefiere ambientes estables entre los 18 y los 24 grados. Tampoco le sientan bien, y esto es importante para encontrar su lugar ideal, estar sometida a corrientes de aire ni cerca de fuentes artificiales, ya sean de calor como un radiador o de frío como es el aire acondicionado.
3. El riego, sin excesos y cada cierto tiempo.
Es más que habitual preguntarse cada cuánto regar la kentia. Y, aunque no hay una respuesta universal, sí podemos guiarnos por una pauta clara: el riego debe ser moderado y periódico. Lo ideal es regar cuando comprobemos que la capa superior del sustrato está seca. Algo que, en meses de verano, puede hacernos regar hasta en un par de ocasiones en una semana y que se espacia hasta un riego al mes en meses de invierno.
4. La humedad ambiental, otra clave de los cuidados de la kentia.
Sus orígenes, nuevamente, nos dan una pista importante sobre sus necesidades en este aspecto. Como parte de los cuidados debemos contemplar que el espacio en el que esté tenga un buen grado de humedad ambiental, Conseguirlo pasa por utilizar pulverizar sus hojas en las épocas de más calor y en los meses de calefacción. Una alternativa a pulverizar es crearle una atmósfera húmeda. Algo que podemos conseguir colocando sobre un plato con agua piedras y, sobre estas, la maceta de nuestra kentia. De esta manera, contará con la humedad que necesita a su alrededor sin que sus raíces estén expuestas a ese exceso de agua.
5.El trasplante, solo cuando sea necesario y siempre en primavera.
La kentia no es una palmera que disfrute de los cambios. Por eso y con vistas a evitar las consecuencias del estrés en las plantas y el denominado shock del trasplante, lo ideal es trasplantarla únicamente cuando sea imprescindible.
¿Y cuándo lo es? Cuando nuestra planta lleva entre dos y tres años en la misma maceta y con el mismo sustrato; o, en su defecto, cuando las raíces comienzan a asomar por los agujeros de drenaje.
@achillea.flowers
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