Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Un cuñado manitas
CLAVE GALICIA
Una molestia probable en la cena de Navidad, por algo se hacen chistes, el comodín en el teléfono si el cuñado te ha tocado manitas. El tendero de la esquina ha pintado la fachada. Desde que se quedó con el colmado, y fue poco antes de la pandemia, lamentaba el nombre heredado –tan poco comercial e imposible de recordar como Restituto, Paulino o algo así– y el color de la fachada al subir y bajar la verja. Hasta que un viernes de agosto cerró la tienda con la pared roja y el lunes la abrió azul.
“Pedí dos presupuestos pero al final lo hice yo con la ayuda de mi cuñado, que es jubilado de la construcción”, comenzó a contar sin dejar de despachar cuando le sacaron la reforma. Uno no llegó y en el otro presupuestaron 3.000 euros por dos semanas de pintura, tiempo para cubrir con pincel de acuarela, además de permiso de ocupación de vía para instalar una grúa elevadora. “El sábado limpiamos con agua a presión y lijamos, el domingo pintamos con una escalera de aluminio. Lo hice por 145 euros y me queda pintura para otra mano. Pero lo peor ya no es el presupuesto, que es un disparate para un trabajo así, sino que empezaban a los tres meses de aceptar”. Por un cuñado albañil ve la tienda de otro color.
Un colega tira de otro colega para acabar la reforma que unos ñapas le dejaron colgada para empezar la siguiente y cobrar el adelanto
En el abrevadero un cliente pone en común que el presupuesto para restaurar las galerías de madera de la fachada que le acaba de enviar la administradora de su comunidad ronda los 300.000 euros y son ocho vecinos. “No sé si me darán tanto por el piso, y en 2019 nos parecía una locura los 36.000 euros que pedían”, lamenta no haber aceptado antes. Han decidido esperar a que los concellos terminen las calles confiando en que el reajuste de mano de obra desinfle los presupuestos.
Un colega tira de otro colega para acabar la reforma que unos ñapas le dejaron colgada para empezar la siguiente y cobrar el adelanto. En casa rica, de piscina climatizada, gimnasio comunitario y jardinero dos días a la semana, un abuelo pinta los barrotes de su balcón. Hace dos meses otra vecina estuvo varias semanas con los plásticos hasta que terminó la segunda mano. En la siguiente junta de propietarios habrá que reclutar habilidades para urgencias. “Mi hijo es fontanero, anota”, saluda Jorge al detenerse ante la escena del vecino pintor.
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