Lalo Pavón
O AFIADOR
As competencias de Díaz
COSAS QUE CONVIENEN
1 Esta epidemia de soledad y de inmaduros ecoansiosos que no quieren perpetuarse pone toda su energía en el perro. Perros mimados, higienizados, tratados como hijes, que malviven del apartamento al pipicán. El perro en la ciudad es un indicador de alienación.
2 El cochismo. Da igual que apaguen el motor en los semáforos. Que funcionen a pilas. Que vayan a treinta por hora. Las ciudades y los sitios del vivir tienen que ser para los paseantes y no caben medias tintas: erradiquemos todo tráfico a motor. Sin ambigüedades ni zona de bajas emisiones ni qué niño muerto.
3 Los esclavos de las mochilas. Eso que llaman delivery es una forma de abuso basada en el privilegio y en la deshumanización. Que un señor malpagado, sometido al algoritmo, cruce la ciudad en patín para llevarte la cena no es un trabajo, sino esclavismo digital.
4 Las jardineras ridículas. Una jardinera es como una escultura en una rotonda: un timo. Plantas y flores ridículas, sin capacidad de respirar por nosotros, incomparables a la gloria clorofílica de un buen árbol enraizado. La jardinera sólo beneficia al amigo que tiene el alcalde en el vivero. Es una golosina inútil y carísima. Exijamos árboles.
5 Los muros anuncio. Los vuelos baratos a Nueva York, la cosa del interné y el paletismo generalizado van creando sucedáneos de Times Square hasta en la última villa iletrada. Apaguemos las pantallas superlativas, los muros-anuncios y toda esa violencia cegadora que hacen del vividero una lonja.
6 El mobiliario urbano obtuso. Ningún alcalducho va a escoger mejor banco de parque, papelera o farola que los que ya están inventados. Hay que regresar a lo humano de la vida, reintroducir la belleza que funciona y desterrar esa arquitectura hostil que no permite la siesta y el esparcimiento.
7 La uniformación auricular. Es una maravilla llevar a Dylan trabajando para ti y gozar de la música dondequiera que estés, pero es una tristeza huir del aquí mismo, aislarse de la vida y perderse la maravilla luminosa de la vecinación.
8 Los negocios absurdos. Toda vez que los vecinos han perdido la ciudad para ser vendida como un producto, proliferan como un tumor las tiendas de souvenirs enrollados, las cadenas de helados falsos, los bares de trampantojo. Al nabo con esto.
9 Los candados del Airbnb. Hay que frenar este baile de zombis arrastradores maletas que pudre todo tejido vivo a su alrededor. El turismo es una infección que debe ser aniquilada. Empecemos por truncar estos guardallaves del infierno.
10 La luz de locos. El alumbrado de manicomio, en temperatura fría y a intensidades esquizofrénicas certifica nuestra miopía como especie: una civilización aterrada, con miedo a la noche y al latir salvaje, que pretende iluminarlo todo, callarlo todo, matarlo todo, para creerse a salvo en su soledad cósmica.
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