Déjame ver tu cara

Publicado: 08 jun 2025 - 05:05
Déjame ver tu cara
Déjame ver tu cara

Allá nos fuimos a celebrar a Ángel. Al lugar donde él creció y fue feliz. Se plantó un árbol y a su lado quedaron sus cenizas. Cuentan con orgullo que de niños se vistieron de albañiles y ellos mismos hicieron la piscina, levantaron paredes y plantaron árboles.

Todo fue conmovedor, allí estuvimos sus amigos, quizás cerca de treinta personas. Su hermana Tere organizó el evento. Y su hermano, el actor Sergio Pazos, protagonizó la cálida velada.

Los pandilleros se hacían los duros, marcaban su territorio y no dejaban que otros se acercasen a sus chicas

Cielo Santo, alguien comentó que todo tenía un aire de fiesta italiana. Ah! la familia. Fue emotivo ver al patriarca, Alfonso Pazos, el padre, presidir el acto. Sí, allí estaba, don Alfonso, noventa y dos años, toda una leyenda de la abogacía ourensana. Un tipo con casta, casi en los noventa aún acudía cada mañana a su despacho en la calle del Paseo. Es sorprendente cómo mantiene la ironía y la mordacidad. Me dijo “déjame ver tu cara”, me miró y leyó sin duda, mi alma herida. Después, como confortándome, me dio unas palmadas que a mí me parecieron algo así como una bendición.

Pronto se hizo un círculo y sus hermanos cavaron un hoyo donde quedaron sus restos en su lugar favorito.

Pero hermano lector, deja que te cuente de Ángel. Le pregunté a su hermana Tere y lo definió: “Era un dandy”. Cierto, siempre de riguroso negro, sus inevitables gafas oscuras, siempre listo para defender como abogado a cualquier persona caída en desgracia. A veces siento su presencia. Cuando en ciertas noches caminaba con pasos erráticos, como sintiendo la maldición de la ciudad, alguien me guiaba. Allí estaba yo timbrando en su apartamento de la calle Cardenal Quiroga. La puerta se abría como con urgencia. No había preguntas. Extendía maternalmente el cobertor y doblaba con mimo la almohada. Tal si sonase “una nana” enseguida los acordes de Spanish Caravan. Ay! “Jinetes en la tormenta”.

Déjame ver tur cara
Déjame ver tur cara

(Allí quedaron sus restos cobijados por el acebo recién plantado. Y carajo, vaya banquete que nos preparó Tere. El patriarca observándolo todo, extendía una sonrisa beatífica)

Me golpea la nostalgia. Sucede que hoy en la sección de este periódico “Historia en cuatro tiempos” recupera un artículo mío del año 2000.

Vaya título “Noche conmovedora: feeling, paz y rock”. Cuento la convocatoria de la generación de los sesenta, en una fiesta llena de glamour. Allí estuvieron viejos líderes pandilleros, “tipos carismáticos de una época”. Ahí van los nombres: “Jalisco”, marqués del Puente, “el Pelos”, “Dadá” y Miki, cabecillas del barrio de San Francisco.

Cachaldora también marcó una época con los odiados chicos del parque. “Venían las pandillas del extrarradio y casi siempre nos zumbaban”. Nos refugiábamos en el Hotel Parque. Ellos vieron el nacimiento de Alaska, la primera cafetería americana. La apertura de este local inauguró un momento histórico en la ciudad. Aquellos bares oscuros, con mármoles que decían “se prohíbe cantar y bailar”, “se prohíbe blasfemar”.

Estaban a punto de llegar las discotecas. La primera, Mister Flinn, un local inquietante, donde las más atrevidas cambiaban el uniforme colegial por una minifalda. No había otra, los domingos a bailar, en la cafetería Rojo o el Coralín.

Los pandilleros se hacían los duros, marcaban su territorio y no dejaban que otros se acercasen a sus chicas.

(Como en la canción de Bruce Springsteen, se citaban a resolver cuitas, a orillas del Miño. Los primeros temas de rock que se escucharon en la ciudad los trajeron los coches eléctricos instalados en la Alameda, las inolvidables Autopistas, Camarero. En los coches de choque, una generación sintió allí por primera vez, su primer roce furtivo.)

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