Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
El siguiente golpe
Durante muchos años hemos identificado la seguridad de una ciudad con aquello que sucedía en sus calles. Un robo con fuerza, un hurto, un delito de lesiones o la sustracción de un vehículo eran hechos visibles, vinculados a un lugar concreto y, en muchas ocasiones, a determinadas zonas de Ourense. Esa era, en buena medida, la delincuencia que el ciudadano veía y percibía. Hoy esa fotografía se ha vuelto más compleja.
Los últimos datos del Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior dejan una primera conclusión: Ourense sigue siendo una ciudad segura. Durante el primer semestre de 2026 se registraron 2.297 infracciones penales en la capital, un 1,9% menos que en el mismo periodo del año anterior. En la provincia la reducción fue del 2,6%. Los robos con violencia e intimidación descendieron en la ciudad un 63% y los hurtos un 9%.
Son buenos datos y detrás de ellos hay un trabajo que merece ser reconocido. Cada día hay profesionales de la Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Local y Unidad de Policía Adscrita patrullando nuestras calles, investigando delitos, identificando a sus autores y desarrollando una labor preventiva que pocas veces ocupa titulares. Buena parte de ese trabajo permanece fuera de la vista del ciudadano. Una operación policial puede conocerse cuando culmina con detenciones, pero detrás puede haber semanas o meses de investigación, vigilancias, análisis de información y coordinación entre unidades. Los buenos datos de Ourense son también una oportunidad para reconocer ese trabajo cotidiano.
Sin embargo, no deberían impedirnos observar dos fenómenos que están modificando la realidad policial: la delincuencia cambia de lugar y también cambia de forma.
La seguridad ciudadana necesita prevención, investigación y una presencia policial suficientemente intensa para detectar esos movimientos y anticiparse
El primero podemos observarlo en nuestros barrios. La presión policial mantenida sobre determinados puntos tradicionales de venta de droga contribuye a modificar el mapa del menudeo. Cuando se actúa de manera continuada sobre una zona, parte de esa actividad puede desplazarse o dispersarse hacia otras. Alrededor de determinados entornos de consumo aparecen también delitos contra el patrimonio destinados, en ocasiones, a obtener dinero rápido: robos en vehículos, hurtos o sustracciones en garajes, portales y establecimientos.
Esto no convierte a ningún barrio en inseguro. Sería injusto colocar esa etiqueta sobre miles de vecinos que desarrollan allí su vida con normalidad. Significa algo diferente y policialmente bien conocido: el delito no es estático.
Cuando se incrementa la presión sobre un punto concreto, quien delinque puede buscar otro lugar donde hacerlo. Por eso la seguridad ciudadana no puede limitarse a reaccionar allí donde aparece el problema. Necesita prevención, investigación y una presencia policial suficientemente intensa para detectar esos movimientos y anticiparse.
También existen diferencias según las características de cada zona. Hay áreas donde preocupan los robos con fuerza en viviendas o establecimientos; las zonas comerciales presentan una mayor incidencia de hurtos; y los espacios de ocio nocturno concentran otras tipologías, como delitos de lesiones, amenazas o alteraciones del orden. No existe una única delincuencia y, por tanto, tampoco puede existir una única respuesta policial. Conocer el barrio, sus horarios y la evolución de sus problemas sigue siendo una de las mejores herramientas de prevención.
Pero existe un segundo mapa del delito que ya no podemos dibujar sobre un plano de Ourense. En los seis primeros meses del año, mientras la criminalidad total descendía, los ciberdelitos aumentaron un 11,5% en la ciudad, hasta alcanzar 581 hechos conocidos. Las estafas informáticas crecieron un 15%, con 515 casos. Aproximadamente uno de cada cuatro delitos registrados en Ourense durante ese periodo estuvo relacionado con el ámbito digital.
Seguimos necesitando patrullas en las calles y presencia preventiva allí donde se mueve el delito
El delincuente ya no necesita encontrarse en nuestra ciudad. Puede estar a cientos o miles de kilómetros de su víctima. No necesita forzar una puerta o una ventana porque, en ocasiones, consigue que sea el propio ciudadano quien le facilite una contraseña, un código bancario por SMS o autorice una transferencia.
Además, vivimos en una provincia especialmente envejecida. Nuestros mayores utilizan cada vez más teléfonos inteligentes, WhatsApp y servicios bancarios digitales. Eso supone enormes ventajas, pero también abre una ventana que los delincuentes aprovechan mediante mensajes que aparentan proceder de una entidad bancaria, falsas llamadas de familiares, enlaces fraudulentos o técnicas de ingeniería social.
Esta transformación obliga también a transformar la respuesta policial. Seguimos necesitando patrullas en las calles y presencia preventiva allí donde se mueve el delito. Pero necesitamos igualmente investigadores especializados, formación tecnológica, herramientas adecuadas y prevención en la red, con concienciación y dotación suficiente para el grupo de UDEV-Tecnológicos de PN y el equipo Arroba en GC.
Los datos dicen que Ourense continúa siendo una ciudad segura. Es una buena noticia y también un reconocimiento al trabajo diario de quienes tienen encomendada nuestra seguridad. El desafío consiste en seguir protegiendo nuestras calles sin olvidar que una parte cada vez mayor del delito se mueve por calles que no aparecen en ningún mapa.
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