Julián Pardinas Sanz
Votar sí, claro… pero no llega sólo con eso
CAMPO DO DESAFÍO
Con claridad, pero sin demasiado énfasis, los gobiernos español y marroquí han insistido en la no intervención de este último país en la instigación, organización o coordinación de la marabunta humana caída sobre Ceuta durante el 30 y 31 de julio. Tahar Ben Jelloun, el escritor marroquí afincado en París y ganador del Premio Goncourt de 1987, aporta como argumento tranquilizador el que “los vecinos no tienen ningún interés en crearse problemas”.
A contrapelo de esta interpretación, que reduciría la cuestión a un problema migratorio devenido en crisis humanitaria, el examen de lo ocurrido se detiene en algunos aspectos menos sedativos. Marruecos ha trazado en los últimos años una estrategia diplomática que ha transformado su peso político y geoestratégico. Siendo un socio siempre fiable de Estados Unidos, ha estrechado las relaciones con este país desde el primer mandato de Donald Trump. En correspondencia, EEUU reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y apoya la solución de la autonomía, que no autodeterminación, obligando a un cambio en la tradicional posición de España o Francia. A cambio, Marruecos reconoce al Estado de Israel, intercambian embajadores y ayuda a deshacer el aislamiento de Israel entre los países árabes.
Nuestro vecino del sur es ya el país africano que más recursos dedica a modernizar sus fuerzas armadas, superando a Argelia, el tradicional archienemigo
No acaban ahí las carantoñas. Marruecos redenomina la nueva autopista de 1.000 kilometros entre Tiznit y Dajla, antigua Villa Cisneros, como “Autopista Donald Trump”. Un halago de los que tocan el corazón del presidente norteamericano. De congraciarse con su cartera se ocupan los pedidos de armamento que la monarquía alauí hace a la industria de aquel país, hasta convertirla en un práctico monopolista: 60% de las compras totales, seguido por el 24% con origen en Israel. De esta guisa, nuestro vecino del sur es ya el país africano que más recursos dedica a modernizar sus fuerzas armadas, superando a Argelia, el tradicional archienemigo. De vuelta al viejo Tahar Ben Jelloun (1944), este cierra uno de sus recientes artículos dejando caer el último velo: la aspiración a “un acuerdo para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos. Es hora de hablar con serenidad y decir: ¡basta!”
Con estos antecedentes no parece razonable dar por buenas las versiones diplomáticas a uno y otro lado del Estrecho. Podemos seguir mostrando al mundo nuestra incapacidad para la acogida y filiación de unos miles de migrantes; la dificultad para colaborar administraciones de distinto color político o la asombrosa incompetencia y contradicciones del Gobierno, pero en nuestro flanco sur algo se está cociendo y no a fuego lento. Para confirmar los peores augurios, el Real Instituto Elcano ha concluido que lo ocurrido muestra un “fallo funcional” en nuestro Sistema de Seguridad Nacional. La percepción es que Marruecos maneja los tiempos y lleva la iniciativa de sus asuntos. El siguiente golpe ha de estar preparándose.
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