Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
Los más de mil apodos de Benchosey… y los nuestros
El país y la ciudad viven estos meses sumidos en un clima de confrontación constante, alimentado por tensiones políticas, decisiones controvertidas y casos de corrupción que desgastan a la ciudadanía. En un contexto así, resulta comprensible que muchos vecinos busquen espacios que ofrezcan un respiro, un lugar donde reencontrarse como comunidad y recordar que aún existen cosas capaces de unirnos. Una de ellas, quizá la más poderosa, es el deporte.
Y dentro del deporte, el fútbol se ha convertido en un motor emocional de referencia. No solo por su capacidad de movilización, sino porque refleja ese deseo colectivo de compartir algo que va más allá de la política. Por eso, la cita de mañana, miércoles 3 de diciembre, cuando el Ourense CF reciba al Girona FC en O Couto en una nueva ronda de la Copa del Rey, vuelve a ser un acontecimiento que trasciende lo estrictamente deportivo. Es una oportunidad para que la ciudad respire unidad y orgullo durante el tiempo que sea necesario.
El seguimiento creciente alrededor del Ourense CF y de la Unión Deportiva Ourense no es casual. Responde a una necesidad real de identidad y de emociones comunes. En las gradas se mezclan generaciones, barrios, historias y acentos. Se juntan familias, jóvenes, aficionados de toda la vida y vecinos que quizá no siguen el fútbol con regularidad, pero que entienden que noches como la de mañana representan algo especial. El fútbol, cuando se vive con respeto y pasión, tiene la capacidad de recordarnos quiénes somos y qué somos capaces de construir juntos.
Ourense sabe mejor que nadie que el entusiasmo sin proyecto puede levantar esperanzas intensas, pero también hundirlas sin remedio
Ahora bien, esta ilusión en auge debe ir acompañada de una mirada prudente. Ourense sabe mejor que nadie que el entusiasmo sin proyecto puede levantar esperanzas intensas, pero también hundirlas sin remedio. Sigue presente en la memoria colectiva la desaparición del Club Deportivo Ourense, una herida deportiva y sentimental que evidenció lo que ocurre cuando la emoción no va de la mano de una gestión sólida, seria y responsable. El pasado nos recuerda que los símbolos que más queremos requieren estabilidad, profesionalidad y visión a largo plazo.
No se trata solo de modernizar O Couto con una obra que, a todas luces, ha resultado insuficiente, sino de asegurar que el club que tome las riendas de este impulso pueda hacerlo con garantías en una ciudad deportiva referente, moderna y preparada para ese futuro.
En este camino, hay una cuestión que la ciudad ya no puede seguir posponiendo: la necesidad de contar con instalaciones deportivas dignas, acordes al crecimiento del fútbol en Ourense y a las aspiraciones que hoy se perciben en la afición. Porque si algún día -como muchos deseamos- alguno de los dos equipos referentes de la ciudad da el salto a Segunda División, es imprescindible disponer de una infraestructura adecuada, tanto para el proyecto deportivo como para la afición que lo sostiene. No se trata solo de modernizar O Couto con una obra que, a todas luces, ha resultado insuficiente, sino de asegurar que el club que tome las riendas de este impulso pueda hacerlo con garantías en una ciudad deportiva referente, moderna y preparada para ese futuro.
Por eso, mientras celebramos este momento de unión, conviene recordar que el crecimiento del fútbol en la ciudad debe asentarse sobre bases firmes. No basta con llenar el estadio en las grandes noches: hace falta un proyecto estable, una estructura que cuide la cantera, que apueste por el desarrollo deportivo y que mantenga el entusiasmo social que estamos viendo florecer. Solo así evitaremos repetir errores que nadie desea revivir.
En un tiempo marcado por la crispación política, el fútbol ofrece una alternativa saludable: un espacio donde se habla de esfuerzo, compañerismo, superación e ilusión compartida. Valores que, por sí solos, ya ayudan a mejorar el clima social. Por eso, apostar por más deporte y menos política -o, al menos, menos confrontación- es una forma sensata de mirar hacia adelante.
Mañana, O Couto volverá a ser ese punto de encuentro. Y, sea cual sea el marcador, la ciudad tendrá otra ocasión para demostrar que su pasión por el fútbol sigue creciendo, incluso en medio de las dificultades. Quizá no resuelva todos los problemas, pero sí ayuda a mejorar la salud mental colectiva y a evadirse, aunque sea por un momento, de la continua crispación que nos rodea.
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