Jaime Rodríguez Arana
Estado de derecho y democracia
La relación entre Estado de Derecho y Democracia es tan estrecha que hasta podría decirse que son dos caras de la misma moneda ya que sin democracia no existe Estado de Derecho, y sin Estado de Derecho no hay democracia.
En este sentido, el Convenio Europea para la protección de los derechos fundamentales de 1950 señala en el preámbulo las señas de identidad del viejo continente: “patrimonio común de ideales y de tradiciones políticas, de respeto a la libertad y a la preeminencia del Derecho”. El primado del Derecho está, además, reconocido en los artículos 6 y 7 del Convenio, que reconocen las garantías de un proceso justo y el principio de legalidad en materia penal.
El Estado de Derecho fundado en la juridicidad, la separación de los poderes y en el reconocimiento de los derechos fundamentales de la persona, precisa de compromiso y de realización cotidiana
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, instituido en la Convención, viene realizando una labor primordial en orden al desarrollo de la dimensión procesal del Estado de Derecho, hasta el punto que hoy los derechos fundamentales y las libertades públicas, rasgo esencial del Estado de Derecho, constituyen el núcleo duro de elementos jurídico-subjetivos del Estado de Derecho en los que se ha conseguido uniformidad hasta en lo concreto.
Mientras que los países de la Europa posterior a la segunda gran guerra recogen en sus constituciones la fórmula del Estado de Derecho, España en 1978, en la Constitución de ese año, se apunta al Estado social y democrático de Derecho (artículo 1). En Portugal, en la Carta Magna de 1976 se comprometió en la primacía del Derecho que en 1982 materializó al señalar que Portugal era un Estado de direito democrático basado en la soberanía popular (artículo 2). También los países del antiguo telón de acero reconocen en sus Constituciones el Estado de Derecho tras la caída del Muro de Berlín en 1989 si cabe, con una mayor intensidad que las Constituciones de los países con mayor tradición democrática en una demostración práctica de hasta dónde puede llegar la fe del converso.
El Estado de Derecho fundado en la juridicidad, la separación de los poderes y en el reconocimiento de los derechos fundamentales de la persona, precisa de compromiso y de realización cotidiana.
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