Derecho a quedarse en el medio rural

Publicado: 26 mar 2026 - 01:10
Opinión en La Región
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Sostengo que el derecho a quedarse en el medio rural podría figurar dentro de un texto constitucional. Lo planteo en un siglo diferente al anterior en el que parecía existir la “obligación de marcharse del medio rural”, generando un éxodo hacia las ciudades y a otros países que constituyó el fenómeno de la emigración. Un derecho que podría unirse -creo que irían de la mano- al de la conectividad digital que supone acceder a las autopistas de la información sin importar el tamaño poblacional del lugar donde residamos. Porque apuesto por encontrarnos en una narrativa positiva del medio rural ya que en lo universal siempre está lo local. Y porque concuerdo con la frase de Leon Tolstoi: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”.

En las últimas décadas el mundo rural en España se configura como un polo de resistencia. Los datos están ahí: el 85% de los españoles reside en el 16% del territorio. La mitad de la población vive en el 1,8% de los municipios. Y todas las políticas de reto demográfico concluyen que el gran reto es atraer y retener a la juventud, cuestión en la que juegan un papel fundamental la vivienda y el empleo. Deben ser políticas prioritarias ahora que visibilizamos que nuestro medio rural tiene un papel decisivo en la era de la transición energética: en 2024 las zonas rurales generaron el 84 % de la electricidad renovable en España, casi la mitad de la electricidad total del país.

Tenemos que implicarnos en solucionar el gran problema del diálogo entre la ciudad y el campo

Hoy lo rural se ha colocado en el centro del debate como espacio de oportunidades necesitando que se legisle desde su perspectiva. Hablemos en positivo de “la nueva ruralidad”, escenario que genera el rico “valor añadido local”. Como singulares“deberes” de las administraciones públicas advertimos corregir la lentitud burocrática y emplearse en la financiación de los proyectos emprendedores. Las empresas también han incorporado esa visión y trabajan para construir confianza, generar interés y cocrear, sentándose junto a los vecinos para trazar un plan, inteligentemente conscientes de la necesidad de obtener la denominada “licencia social” para implantarse en un territorio. Una legitimidad social que, como le escuché a Maarten Wetselaar, el consejero delegado de Moeve, “se gana cada día y se quita más fácil de lo que se obtiene”. El diálogo (del griego “día” -a través- y “logos” -palabra o pensamiento-) ocupa un lugar esencial, porque necesitamos “al otro” para pensar. Siempre la indispensable colaboración.

Ya la Conferencia de Cork en 1996 determinaba la necesidad de un mundo rural vivo. Ese es el espíritu también del interesante informe del Consejo Económico y Social de España (02/2021): “un mundo rural rico y sostenible”. Es en esta realidad donde proclamamos la función esencial del mundo rural en la producción de alimentos pero también su rol protagonista en los campos energético, turístico y en la propia industrialización. Todo bajo premisas clave como la gobernanza multinivel y la colaboración público-privada. Se trata de interpretar y entender el territorio. Hablamos de empoderar al medio rural. Y lo haremos conjugando conceptos como la inminente importancia económica del papel de la bioeconomía (aprovechamiento y valorización de los residuos agrícolas y ganaderos) en la política comunitaria, incluso explorando modificaciones legales que recuperen competencias energéticas para los ayuntamientos o desarrollando reglamentariamente las comunidades energéticas locales. Tampoco podemos obviar los objetivos planteados en la Estrategia Europea de los cuidados y los puestos de trabajo que acarrea, siendo Ourense una de las provincias llamadas a desempeñar un papel fundamental. Y urge una gestión inteligente de los fondos europeos.

Tenemos que implicarnos en solucionar el gran problema del diálogo entre la ciudad y el campo. Existe una “oposición rural” dentro de lo urbano, casi siempre por ignorancia y por no esforzarse en comprender al otro que perfecciona el todo. Porque estamos hablando de palabras mayores cuando citamos conceptos como el abastecimiento estratégico o la seguridad alimentaria. Y a todos nos concierne. La colaboración no es una teoría, es la piedra angular de cada día. Huyamos de la polarización, tenemos el ejemplo del comienzo de “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”. Por eso nunca me cansaré de plantear una necesidad capital de nuestra realidad: el Gran Pacto Rural.

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