Gonzalo Iglesias Sueiro
Días oscuros
Ha pasado una semana desde que se produjo la aparición fugaz del expresidente de la Generalitat, el requetehuido, Carles Puigdemont, y todavía no se ha explicado cómo entró en España y cómo se marchó, o al menos cómo comenzó su segunda huida. De la capacidad investigadora de las policías nacionales y autonómicas no existen muchas dudas porque lo han demostrado en ocasiones en las que los sucesos eran mucho más dramáticos que la fuga de un acusado de malversación. Con tres detenidos y el nombre de la persona que conducía el vehículo y con las cámaras de seguridad dispuestas por toda la ciudad habría más que materia suficiente para que alguien cuente el periplo de Puigdemont por Barcelona. Con “Puchi” otra vez en Waterloo se confirma el ridículo de la ineficacia para su detención, que solo con las explicaciones a posteriori puede encontrar alguna redención. Escucharle decir que puede entrar y salir de España cuando quiera es un desafío policial que no puede ganar.
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