Pusieron la canción

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Publicado: 07 feb 2026 - 04:55
Isaac Pedrouzo
Isaac Pedrouzo | La Región

Sé que prometí nunca escribir sobre aquello. Lo he hecho evitando decir tu nombre, para que puedas vivir en calma y no me guardes demasiado rencor, al fin y al cabo, allí, no había nadie más que tú y yo. Pero sobre todo lo he hecho por no olvidarlo, porque las historias desaparecen si no hablamos de ellas.

Supongo que eran las 5 o las 6 de la mañana. No podría asegurarlo. Es verdad que entre tú yo el tiempo sucedía en un orden y a un ritmo distintos. Quizás por eso nos quisimos tanto y es por eso que también dejamos de querernos.

Tu llevabas la ropa de siempre, el polo Fred Perry, los pantalones ajustados que ya no dejaban a la imaginación ninguna de las líneas de tu cuerpo. Te asfixiaban los tobillos, y un poco el hueco donde termina el sudor del culo.

De mi ropa ni me acuerdo. Se me han borrado cientos de recuerdos de manera inconsciente. Memoria selectiva o deserción, nunca lo sabré. Ni siquiera sé a ciencia cierta si era martes o domingo. Pero sí sé que éramos casi la misma persona.

Te habías comprado un perrito caliente para el camino, un Nacho Vidal, porque te gustaban bien grandes, los perritos, claro, como siempre aclarabas, y yo bromeaba con la idea de que menos mal que no había un Pedrouzo, que la recena se te iba a quedar corta. Y te reías y me empujabas y la mitad del Brugal terminaba esparcido por el suelo. Cuando llegamos al parque de San Lázaro ya no quedaban taxis, que tú vivías muy lejos, y nos sentamos a esperar en el muro, como hacíamos a los quince años, a los 20, como cuando no teníamos miedo. Ahora me da miedo ser viejo, el examen de próstata, la declaración de la renta, el señor del Paseo que pide un cigarrillo y nunca toca la guitarra.

No volviste a contestar a ninguno de los mensajes. Y está bien. Pensaba que te había olvidado, pero hoy en el bar pusieron la canción.

Me da miedo que no estés bien.

Decidiste acostarte encima de mi muslo, si es que a este hueso que cruza desde la cadera hasta la rodilla se le puede llamar muslo, porque el Carrabouxo te daba mal rollo y me cantaste la canción que siempre cantabas.

“I may not always love you, But long as there are stars above you”.

Sin desafinar en la estrofa, destrozando lo sublime del estribillo.

Aquel día no vomitaste, porque me hiciste caso y bebimos un agua por cada dos copas, aunque te pareciese una de mis ideas absurdas, aunque al vomitar siempre seguías fumando.

Y entonces sonó la alarma, maldita alarma que siempre olvido desconectar, y te incorporaste y me pediste que fuese contigo a casa, que me quedase a dormir, solo hoy, sin alarmas ni reloj y me agarraste de la mejilla y me besaste.

Solo un segundo.

El cuerpo se me movió hacia atrás, la confusión de lo imprevisto. Y te dije que te quería por ser mi amigo.

No volviste a contestar a ninguno de los mensajes. Y está bien. Pensaba que te había olvidado, pero hoy en el bar pusieron la canción.

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