Julián Pardinas Sanz
La curiosa falacia del comunismo democrático
Hace tres días me enviaron a través de Twitter un maravilloso titular de periódico: “Choca en Palencia con un árbol ebrio y sin documentación”. Me preguntaban con qué regábamos los árboles en Palencia y respondí que con lo que pillamos. A lo que un tuitero me dijo que todo muy gracioso, pero que si tenía que decir algo sobre Cuba. Como insistí en un segundo tuit advirtiendo a niños y niñas sobre la importancia de la coma, para que su ausencia no la convierta en una “coma etílica”, mi pertinaz tuitero vigilante me reprochó que siguiera con la coña y no mirase más la actualidad.
La anécdota refleja cómo algunos tienen el sentido del humor bajo mínimos, o quizás no lo tengan de serie, y documenta un perfil muy extendido en la red: el de esos individuos más preocupados por lo que escribimos o dejamos de escribir los demás que por aplicarse en lo suyo. Porque esta persona que me reclamaba opinión sobre Cuba no había pronunciado una sola palabra en su perfil sobre el asunto. Pero eso no es lo más importante, es una carga que tenemos que soportamos quienes habitamos este mundo de las redes, en donde hay otras cosas extraordinarias. Lo más interesante es que al intentar responderle me di cuenta de que llevaba desde el viernes, cuando tomé vacaciones en la radio, sin escuchar ni ver un solo informativo de radio o televisión y sin leer un solo periódico. Así que aún no me sé los nombres de los nuevos ministros y ministras del Gobierno, no conozco en profundidad lo que ha sucedido en Cuba ni me he leído la sentencia del Tribunal Constitucional contraria al confinamiento. Sé que han pasado cosas, porque no vivo rodeado de extraterrestres y me van contando, pero mi interés por profundizar en ellas tiende al cero.
Cada año, cuando llegan las ansiadas vacaciones, proclamamos nuestro deseo de desconectar y nos esforzamos en ello, muchas veces sin conseguirlo. Esta vez no he tenido que hacer el mínimo esfuerzo, la desconexión me ha poseído sin tener que buscarla. No les tendré que explicar la necesidad, porque es común. Hemos llegado al final de esta oscura temporada con la mochila bien cargada de emociones y es tiempo de aligerarla. Así que este también será mi último artículo por el momento. Disculpen, de verdad, que no les hable de Cuba ni de los nuevos ministros ni del Tribunal Constitucional. Habrá tiempo de hacerlo.
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