Desnudos

HISTORIAS INCREÍBLES

Publicado: 03 may 2026 - 01:09
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Hemos tenido la suerte de conocer a mujeres y hombres extraordinarios. Cuando se van sentimos interés en la resolución de un misterio: el por qué todo lo que fueron, sus sabidurías, su forma de hacer, desaparecieron.

Ya sé que debo explicarme. Muchos invertebrados no tienen cuidado parental y por ello nadie les ha enseñado. Sus vidas son extremadamente minúsculas, un casi nada. Y sin embargo ya saben lo que han de hacer desde el mismo nacimiento. Veo desde este huerto cómo los cien-patas, los anélidos, penetran la tierra con sus cuerpos blandos y rojos.

Los pájaros, esos sabios plumíferos, rompen con sus picos de manera exacta, perfecta, un fruto seco. Veo cómo se ríen con sus gorjeos en todo lo alto de aquel árbol viejo. Cómo saben migrar y nadie les guía, pero ya conocen las corrientes del aire, y el por qué el mejor país será el que está a lo lejos.

Los mamíferos de mi casa me enseñan cada día montón de comportamientos. Mi gatita amasa con sus patas la falda de María y ella se admira conmigo y se pregunta el por qué hará eso. El veterinario me dice que desde antiguo lo vienen haciendo. Que estimulaban así la leche de sus madres cuando iban creciendo. Claro que todos los gatos del universo vendrán con todo de serie y con ese ronroneo con el que nos dicen: yo también te quiero.

Los genetistas explicarán que aquello que ha resultado útil en cualesquiera bichos o insectos en su evolución, se ha perpetuado como el más adecuado comportamiento. Ellos aplican una suposición que convierten en científica porque a nadie se le ocurre importunarles con dudas o titubeos.

Los humanos pues no parecemos los más listos del universo, sino los más lentos para aprender y por eso inventaron los colegios

Puestas así las cosas cómo podría yo discutir eso. Quedamos si les parece en que esos comportamientos son innatos, y para terminar la discusión lo explicaremos de manera urgente: instinto, reflejo, inclinación, atavismo o criterio.

Vengamos ahora a los seres humanos. Volvamos a preguntarnos el por qué no transmitimos las sabidurías que son tan útiles a nuestros venideros. Supóngase usted, a quien le resulta tan complicado aprender un nuevo idioma, pongamos que el inglés, que ya de instinto, de serie, viniésemos desde la cuna sabiendo los verbos irregulares, el genitivo sajón y el discurso indirecto.

Supóngase usted que se transmitiese por instinto, ya de serie, lo que saben los arquitectos o lo que sabían los del medievo. Ahora, y mire que somos listos, no somos capaces de hacer aquellas maravillas con sus arbotantes y sus cristaleras, o el transepto. Lo más que hacemos es sacarles unas fotos y guardarlas en la nube que es esa entelequia, esa irrealidad o ensueño.

Los humanos pues no parecemos los más listos del universo, sino los más lentos para aprender y por eso inventaron los colegios. Sólo podemos transmitir a los que vienen la obligación que tenemos de aprender con esfuerzo. Mirando cómo se podan los árboles, cómo se hace una cirugía del endometrio, practicando y practicando a tiempo y destiempo.

Aprender y trabajar es imprescindible para el ser humano. Cubre necesidades y es básico para la integración social y la salud mental. Nada se nos da de serie, a no ser la desnudez, para que, a través de la piel, percibamos a los otros como puras sensaciones. Así el amor será el “input”, el inicio del esfuerzo.

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