Itxu Díaz
CRÓNICAS DE VERANO
La noche en que la luna salió tarde
DEAMBULANDO
Aquella carretera de Celanova parecía un túnel arbóreo de arces y robinias. Servían, además, para encaramarnos en ellos, y a algún singular vecino, para lanzarse a la mullida cuneta creyéndose un avión. Este paseo de un km. del Posío al cruce de Piñor, en verano permitía caminar bajo una umbría cada año mutilada cuando algún vecino reclamaba su vista entorpecida por el ramaje; se talaba, y otro árbol menos, de tal modo que antes de que las cunetas deviniesen en aceras urbanizadas, quedaban solamente testigos dispersos de aquella tala de baja intensidad…continuada. Devino en avenida no se sabe por qué, o sí, por la arboleda, salvo Puente Codesal, llegando hasta el mismo Posío, en el llamado Pabellón Escolar; allí se apostaba el fielato donde bajo frondosidad del ramaje echaban unas siestas los fielateros a caballo de unas sillas plegables de madera.
Pero pronto empezó el hacha, más que la sierra mecánica, a abatir los ralos ejemplares y las térreas aceras dejaron paso a todo un sistema de traída y desagües y, encima, el pavimento. Las máquinas asfaltadoras, que antaño eran tanques de hirviente asfalto de tracción humana, fueron sustituidas por cubetas a lomos de camionetas donde también un peón iba revestido de grueso cuero por mandilón y guantes extendiendo el líquido por la manguera mientras otros dos, a palazos, iban espolvoreando arena. Un cambio que dio un giro al barrio donde ya la golferancia crecida y seria se empleaba en oficios varios. Se iba perdiendo la identidad paso a paso. Desaparecía hasta el Casablanca F.C. cuando aún en su apogeo. Alguna familia se desarraigó, por subida de nivel social, acaso, pero los de siempre, también, algunos en las emigraciones a Europa. Observábamos la misma transformación en las barriadas periféricas. Auria se sumaba al lavado de cara urbano y ya los coches de viajeros del Suárez y La Competencia dejaron de ser aquellos buses que para nuestro espanto se anunciaban con bocina ronca en lejanía, sobre todo el primero de más silbante motor e intimidante frente, con tiempo para levantar las improvisadas porterías de fútbol, que repuestas de inmediato pasado el renqueante vehículo.
Una pléyade de oficios, como si de medieval burgo se tratase, salpicaba el barrio: carpinteros, zapateros, tenderos, herreros, fontaneros, electricista dejaron paso a se fueron extinguiendo hasta tal punto que solo las tiendas de ultramarinos resistentes.
Barriada de trashumantes y por demás entrañables toliños, de los que ninguno residía en él, pero del formaba parte. Los había estacionales, aquellos que solamente en determinadas primaveras, veranos, otoños o inviernos aparecían: Pedriño das Lamas fue uno de estos singulares, quien a pesar de su cojera, a graciosos saltos iba alcanzando la tienda del Turzós para proveerse de cerillas o mistos; Luis de Barbadás, dos pasos adelante y uno atrás al que costaba cubrir una distancia, para cualquier mortal en la mitad de tiempo; Emilio, el capitán bombilla, después Tojo, que así le apodábamos cuando bajaba, en las canículas con sudorosa guerrera y gorra de plato; otro periférico fue Valerio, que dejaría legado no imperecedero como el de un camino que por tantas veces recorrido conoceríamos por su nombre hasta que ignaros munícipes trocaron por otro de su particular fauna.
De aquellos personajes del barrio, todos ellos serviciales, recordar al carpintero Pedro Dorrego, de las tierras de Montes, padre de los de la ferretería Jardín, Manolo y Pepe; a Victorino Borrajo, trivense de la emigración Norteamericana; al electricista Emilio Lemos, ocasional chófer del delegado de Fenosa, Aser Murias; a José Turzós, también emigrante americano, de la tienda del mismo nombre; a Luis Rodríguez, “Cazón”, delegado del carlismo ourensano; a Manuel Silva, el Pescantín, por tener puesto en la Plaza; a José Pedrouzo, de ejemplar empleado de maderas Riestra a potente empresario del sector; a Floreano Velo, servicial caballero mutilado, oficial del Ejército y dueño del Casablanca; al Cubano de la tienda…y a muchos otros que personalidad dieron a un Barrio que ya no es.
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