Después de la decadencia, la herencia

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 30 oct 2026 - 04:40
Después de la decadencia, la herencia
Después de la decadencia, la herencia | José Paz

La tragedia de Urda unida al accidente ferroviario de Adamuz, en las que han estado implicados los trenes de alta velocidad, considerados una de las muestras más visibles de la modernización de España, ha dado paso a que ambos siniestros ocurridos en el plazo de diez meses se consideren el ejemplo de la decadencia del país, que se suma a otros problemas irresueltos como el de la vivienda, las listas de espera en Sanidad, las deficiencias en el sistema de la dependencia o los malos datos educativos que, al margen de las responsabilidades políticas compartidas, se utilizan para proyectar una imagen de caos en la ordenación de la vida política nacional, de sectarismo, corrupción, de incompetencia y de menoscabo de la convivencia.

Es muy posible que la vida pública del ministro de Transportes, Óscar Puente, tenga ya puesta la fecha de caducidad dado que “no es asumible para España” haber sufrido dos accidentes en la alta velocidad ferroviaria con más de un centenar de muertos, como afirmó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien también se señala como responsable de las tragedias por el nombramiento de su colaborador. Sobre las dimisiones de políticos hay dos teorías, la que dice que deben presentar su renuncia de forma inmediata para asumir la responsabilidad política, y la de quienes prefieren que se haga después de dejar el caso resuelto, o al menos encaminado, sobre las causas o la confluencia de factores que han provocado el accidente de Urda.

Con Puente o sin él en el Gobierno, y a las puertas de unas elecciones que ya estaban bastante cuesta arriba para el PSOE y sus socios, con una campaña electoral de la que es difícil saber qué derroteros tomará para remontar el vuelo después de la tragedia de Urda, y ante la posibilidad cierta de que la confluencia de PP y Vox gane las elecciones con mayoría absoluta, el próximo gobierno de derechas tiene ya la solución para los problemas a los que deba hacer frente al menos en los próximos dos años, porque ya utilizó esos argumentos cuando Mariano Rajoy sustituyó a José Luis Rodríguez Zapatero: de todo tendrá la culpa la herencia recibida.

Si los servicios públicos siguen sin funcionar de manera adecuada, si se mantienen las deficiencias en las infraestructuras, todo será responsabilidad de la falta de inversión acumulada y de poco servirá, en el caso de que se cumpla, que esos partidos no se conviertan en agencias de colocación de sus afines y que prime la competencia en el ejercicio de sus funciones en los nuevos nombramientos. Ejemplos hay en contrario, y nada garantiza que a la hora de los descalabros el país se encuentre en manos como las que no vieron venir las consecuencias de la dana de hace dos años y no actuaron como debieron por incompetencia o sectarismo, o que se organicen “policías patrióticas”, o que haya ministros que se pongan al servicio de empresas para aprobar normas a su dictado. Dos casos de corrupción institucional ante los que palidecen los que afectan al entorno familiar de Pedro Sánchez.

Si ahora se tiene la sensación de vivir en un país en decadencia por la sucesión de situaciones imprevistas -y los críticos de hoy mañana enarbolarán los éxitos que no reconocen- al correr el tiempo quizá se den otros casos de ineficacia, sin que se hayan resuelto los problemas de convivencia, porque se habrán recortado derechos y libertades y la imagen del país se habrá deteriorado por el otro extremo.

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