Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Pablo VI
CAMPO DO DESAFÍO
Terminó el viaje papal a España. Una semana repartida entre Madrid, Barcelona y Canarias, donde los creyentes y muchos curiosos hemos tenido la oportunidad de escuchar las palabras y observar los gestos de León XIV. Un papa de apariencia sencilla, a veces incluso frágil, pero que debe esconder una buena reserva de tenacidad. Que habla al mundo con claridad, pero parece guardarse para sí los mejores argumentos. Un hombre comprometido con los humildes que ahora, encaramado a la silla de Pedro, debe aspirar al liderazgo moral global, como guía y contrapeso. En España ha sido noticia durante una semana y la izquierda política se ha mostrado complacida y cómoda en su compañía. La derecha, en cambio, ha disimulado su perplejidad y, en algunos momentos, la evidente incomodidad.
España es todavía la nación europea menos hostil a la inmigración y, supongo, la planificación de los contenidos de la visita papal habrá tenido en cuenta esta realidad
El líder de Vox, Abascal, supo pronto diferenciar el predicar y el dar trigo, aunque no sabríamos a quién atribuir cada uno de estos papeles. Donde León hablaba de evitar la polarización, el crecido Santiago no se apeaba del tratamiento de mafia al Gobierno; donde Prevost habla de los mares convertidos en cementerios sin lápidas, Abascal solo ve una amenaza a la nación que conviene mantener alejada de nuestras costas. Predicar la humanidad es casi lo mínimo que le podemos pedir al papa y a su iglesia, pero por las calles corre una creciente aversión hacia el fenómeno migratorio que la izquierda, ahora agarrada a las sotanas papales, no acaba de saber sintonizar sin traicionar su buenismo. No es un fenómeno exclusivo de España y podríamos decir que no sabemos qué fue antes, si la campaña de la “prioridad nacional” en las ultraderechas globales, o el malestar social ante un fenómeno que, en pocos años, ha tenido un incremento de visibilidad bien notorio en las ciudades y pueblos del país.
España es todavía la nación europea menos hostil a la inmigración y, supongo, la planificación de los contenidos de la visita papal habrá tenido en cuenta esta realidad. La izquierda, que venía acostumbrada a interpretar los evangelios a la luz del anterior papa Francisco, encuentra algún bálsamo para sus muchas aflicciones, incluso obviando aquellas otras cuestiones que, como el aborto o la eutanasia, han merecido la tradicional censura papal. Me quedo con la impresión de que León XIV es un papa sinceramente comprometido con los pobres y afligidos y muy capaz de sintonizar con las categorías ideológico-políticas de la vieja Europa. Tengo más reservas sobre que sea el papa capaz de influir en los acontecimientos globales; con la dimensión y carácter necesarios para ejercer un papel de autoridad moral efectiva ante los grandes poderes terrenales. Sea Trump, Xi Jinping, la agresividad nacionalista de Rusia e Israel o el dinero de la oligarquía tecnológica.
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