Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
La ausencia de odio
RECORTES
Un buen puñado de actitudes que no parecen coincidir con el tratamiento global otorgado por la Unión Europea a su política migratoria ha vuelto a convertir este país nuestro en pasto de la boca de los dirigentes comunitarios, y no ha sido precisamente para generar elogios como cuando conquistamos el Campeonato Mundial de fútbol.
Los días posteriores a nuestro triunfo, una buena parte del planeta se preguntó quiénes éramos los pobladores de aquel pequeño país del sur europeo que con apenas 50 millones de habitantes nos habíamos convertido en campeones de fútbol tanto en la modalidad masculina como en la femenina, y a nadie le cabía en la cabeza semejante hazaña. Para colmo, los menos avezados comenzaron a descubrir en él unas costumbres portentosas que incluían el consumo de jamón serrano acompañado de tomate del bueno y aceite de oliva virgen que ya es la caraba, la práctica casi común de la siesta que es una cabezadita de duración exacta que aclara la mente en lugar de embotarla, las uvas de este país que están igual de buenas en crudo que hechas morapio, y lo de sacar santos de paseo y hacer fiesta por cualquier cosa.
relajar hasta la inexistencia el código de fronteras no solo afecta a la ciudad de Ceuta y por extensión, a todo el país, sino a todo el continente
Un mes después, los países de la UE descubren a los españoles y su lado malo y lo atribuyen en general a una política de Estado que se ha propuesto no hacer ni caso a los protocolos comunitarios y alinearse con quien no debe. Y la verdad es que no falta algo de razón en este supuesto.
Al Gobierno español, a su presidente y a su ministro de Asuntos Exteriores, convendría convencerlos de que la situación de España como última tierra europea lindante con África le dota de un amplio catálogo de obligaciones entre las que plegarse a lo que se dice en Marruecos no es en exceso confortable. Que España no es única en esta configuración sino que forma parte de una asociación de países que conforman la Unión Europea. Por tanto, relajar hasta la inexistencia el código de fronteras no solo afecta a la ciudad de Ceuta y por extensión, a todo el país, sino a todo el continente. Esta invasión sin precedentes es la primera pero no será la última si la política exterior española no cambia.
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