La deuda de Ourense para reponer el monumento a Curros Enríquez

HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL

Publicado: 10 jun 2025 - 05:38
Inauguración del monumento a Curros.
Inauguración del monumento a Curros.

Una de las más dolorosas evidencias del desapego de las autoridades municipales de Ourense, que se fue empeorando con el tiempo, es la misteriosa desaparición del monumento a Curros Enríquez en la margen izquierda del Puente Romano. Fue Luis Madriñán quien, el 24 de octubre 1935, denunció por la radio la extraña y nunca aclarada desaparición del monolito que en 1913 se levantara al lado del puente viejo en recuerdo y memoria de Curros Enríquez por iniciativa, entre otros, de Antonio Rey Soto y Eugenio López Aydillo. Por cierto que en el lugar donde estuvo este monumento se enterraron ejemplares de las obras de Curros Enríquez que, si el tiempo no se las ha comido, siguen allí. El punto era la ribera rocosa frente a la ermita de los Remedios. Era un espacio muy visitado y muchos ourensanos de los dos lados del río se fotografiaron allí. La Región recoge la noticia y precisa: “No se sabe ni cuándo tuvo lugar la desaparición”. Madriñán eleva la denuncia del hecho a la Corporación Municipal y un periodista añade: “Nosotros creemos que debería hacerse extensiva a la Comisión Provincial de Monumentos”.

En este lugar, como recuerda una instantánea de la época, cinco años después del fallecimiento de Curros en La Habana, a comienzos de 1913 se levantó el monumento

En el punto donde estaba el monumento, bajo el puente, había una masa rocosa, perforada de modo visible, de donde se supo se extraían materiales que servían para fabricar piedras para los chisqueros de mecha. Pero lo peor habría de venir cuando se construyó sobre la ribera del río la desviación de la carretera que sepultó para siempre el histórico lugar al que nos referimos. Hay que citar, al recordar este asunto, el espléndido trabajo al respecto de Alexander de los Ríos Conde. La roca sobre la que se levantó el monumento formaba parte de un conjunto pétreo que fue parcialmente reformado durante en 1876, en una de las obras llevadas a cabo sobre el conjunto del puente. En este lugar, como recuerda una instantánea de la época, cinco años después del fallecimiento de Curros en La Habana, a comienzos de 1913 se levantó el monumento.

La iniciativa de este homenaje, respaldada por el periódico “Heraldo de Galicia”, partió del periodista Eugenio López Aydillo, quien no entendía que Ourense no le hubiera tributado a Curros el reconocimiento merecido, expresado mediante un monumento y el recuerdo de su magna obra, al contrario que haría la ciudad de A Coruña, a donde fue trasladado y enterrado su cadáver, hoy recordado con un gran monumento en el lugar más céntrico de la ciudad. En Ourense se recabó el óbolo del vecindario, a razón de una peseta como tope máximo, para levantar ese monumento en un lugar emblemático que fuera como “un exvoto de granito en una roca de granito”.

El monumento fue inaugurado el 24 de mayo de 1913, pero no de modo multitudinario. En la famosa foto del momento de Pacheco aparecen Justo Hermida (redactor de El Heraldo), Manuel Lustres Rivas (periodista), Victoriano García Martí (ensayista), Sofía Casanova (poetisa), que sería la primera reportera de guerra; Antonio Rey Soto (sacerdote y poeta), Filomena Dato Muruais (poetisa), Ramón Fernández Mato (escritor), Eugenio López Aydillo, Antonio do Campo (director de Vida Gallega de la Habana, Vicente Domínguez, Benito Serantes (director de El Heraldo de Galicia) y el cantero autor del exvoto, apellidado López. También aportaron fondos Juan Fuentes, Modesto Fernández Román (farmacéutico) y Jesús Rey Alvite (maestro, periodista y escritor), aunque no pudieron asistir.

El acto fue como una celebración civil, con incienso y lectura de alguno de los más conocidos poemas de Curros, de lo que se encargaron Antonio Rey Soto y Sofía Casanova, en medio de la emoción, e incluso las lágrimas de los asistentes. Especialmente interesante, lo que eleva el rango del expolio y la falta de sensibilidad posterior, es que al pie del monumento se enterraron las obras de Curros, y un acta que dejaba fe para la posterioridad, y en la que, entre otras cosas, decía “Exvoto que los admiradores de Curros dedican a las ondinas del Miño, para que velen por su inmortalidad”, quemando, sobre él, incienso en honor del glorioso poeta. Firmaban el acta todos los presentes. Cierto que el Ayuntamiento reparó su deuda con Curros, al dedicarle una calle en 1925 y un grupo escolar que lleva su nombre y recibe con un busto del poeta. Pero el 24 de octubre, Luis Madriñán denuncia en Radio Orense la desaparición del monolito y al día siguiente lo publica “La Región”. Va siendo hora de que, como sugirió Juan Carlos Rivas, la ciudad reponga el monumento esfumado, aunque por desgracia ya no podrá ser en su lugar original, donde esperemos que al menos quede esté enterrada su obra.

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