Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
En 1898 empezaron a circular por Madrid algunos vehículos, pero no fue hasta unos años más tarde cuando surgiría la necesidad de matricularlos.
El primer coche matriculado en Madrid fue, un Renault descapotable, que podía alcanzar la velocidad de 14 kilómetros por hora.
Era propiedad de Luis María Pérez de Guzmán y Nieulant, marqués de Bolaños, un privilegiado amante de los automóviles adelantado a su época.
Un soleado jueves 13 de marzo de 1902, el marqués inscribió su preciada adquisición en la Inspección de Carruajes del Ayuntamiento de Madrid en medio de una escasa expectación, ya que fue el mismo día que el Gobierno en pleno acababa de dimitir.
Tener un coche entonces era un verdadero lujo al alcance de muy pocos así que hubo que esperar hasta 1920 para que el parque móvil de Madrid llegara a 1000 vehículos matriculados.
Según las crónicas de la época, el señor marqués no utilizaba mucho el coche ya que lo hacía casi siempre su hijo César, inventor además de un extraño claxon, patentado por él mismo, que reutilizaba los gases sobrantes para hacerlo sonar como una potente sirena.
Como curiosidad añadimos que hubo que esperar hasta el 17 de marzo seis años mas tarde para que se instalase el primer semáforo de España y, desde entonces, nada volvió a ser igual: los coches habían vencido.
Tras dos meses de instalación, hace noventa y nueve años que los vehículos comenzaron a detenerse en el cruce entre las calles Alcalá y Gran Vía madrileña, entonces Conde de Peñalver.
Para ello se emplearon 23.850 pesetas, se avisó a la prensa y fue el catalizador de la redacción del primer Reglamento del Tráfico de la ciudad.
Hasta entonces los vehículos a motor, los carruajes y los peatones tenían que convivir en uno de los cruces más concurridos de la capital. Allí, cuatro guardias urbanos se apostaban para dar paso a unos y otros.
La modernidad, como casi siempre, trajo los semáforos, pero también supuso el fin de estos agentes.
Como era lógico, la prensa de la época fue avisada de la inauguración de este nuevo artilugio.
En eso, desde luego, hemos cambiado poco. Dicen que el titular fue el siguiente: “faros luminosos - gran regocijo del público” y que en la crónica se aludía al carácter festivo de la ceremonia y de los asistentes.
El semáforo era doble, constaba de luz verde, ámbar y roja y servía tanto a los que subían como a los que bajaban por la conocida calle madrileña.
Aquí tardamos un poco mas
20 de noviembre de 1967 - LOS SEMÁFOROS LLEGAN A OURENSE
El Ayuntamiento planea la instalación de semáforos en el cruce de la calle General Franco con la carretera de Celanova, semáforos que serían los primeros instalados en Ourense y cuyo funcionamiento permitirá comprobar si merece la pena ponerlos en otros puntos estratégicos de la circulación en la ciudad como el final de Capitán Cortés, el cruce de Curros Enríquez con la avenida de La Habana, el final de Capitán Eloy o el paso a peatones de la Plaza de Abastos, entre otros.
La leyenda de las “Flechas Plateadas” comienza en los años 30.
Los equipos y marcas tradicionalmente utilizaban una carrocería pintada del color característico de cada país.
Así, históricamente los equipos ingleses eran verdes, los alemanes blancos, los franceses azules, o los italianos rojos…
Concluida la temporada de 1932, se reúne en París la Comisión Deportiva Internacional, y decide la implantación de una nueva norma para las carreras automovilísticas: el peso del coche se limitará a 750 kilogramos.
La víspera de la primera carrera en 1933, durante la verificación de los pesajes, el blanco bólido Mercedes da exceso de peso… exactamente la báscula señala 751 kilogramos.
«¿Qué hacer? La carrera es mañana. Todo está pensado y calculado hasta último gramo».
Y entonces durante la noche, los mecánicos raspan toda la laca blanca que cubre los bólidos de la marca Mercedes … cuando estos son llevados a la báscula, pesan 750 kilos justos y se muestran con ese tono metálico, plateado fruto de quitar toda la pintura.
Ésta fue la primera carrera de la «Flechas Plateadas» Mercedes… y su primera victoria, y así nace el mito de las legendarias “Flechas Plateadas”.
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