Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
En democracia, los debates, la crítica y la discusión son moneda común y no debe extrañar ni sorprender a nadie que presidan la vida pública. Lo que sí puede sorprender, y a muchos les llama la atención, es que, en ocasiones, bajo el rótulo de la discusión aparecen descalificaciones personales, ataques más o menos velados a la buena fama o al prestigio de las personas. En estos casos, lo que debe ser la convivencia democrática se resiente porque irrumpen actitudes autoritarias que, además de abandonar la razón como criterio, manifiestan la impotencia argumental acudiendo a los fáciles atajos del insulto y la sospecha.
Se suele afirmar que “todas las opiniones son respetables”. Entendiendo el sentido de la expresión cuando se emplea como manifestación de fe democrática, no puedo menos que asombrarme ante la constatación permanente de la inmensa cantidad de afirmaciones poco fundamentadas que cada día se emiten. A quien es debido el respeto es a la persona y para expresarlo ante las opiniones, me parece más acertada la formulación de aquel político inglés que rechazando desde la raíz las convicciones de su rival, ponía por encima de su vida el derecho del contrario a defenderlas.
Por eso, hoy en tiempos de polarización, es menester seguir caminando en la senda de la “convivencia democrática”, luchando por alcanzar, entre todos, una “sociedad democrática avanzada”.
No son sólo las ideas las que enriquecen la vida política sino principalmente las personas que las sustentan. No están en los grandes sistemas de ideas las soluciones a los variopintos y multiformes problemas con que se enfrentan los agentes políticos sino en la prudencial aplicación de los criterios de análisis a cada situación concreta, y esta aplicación sólo será prudencial si tiene en cuenta a las personas y si tiene presente la función instrumental de todos los sistemas de ideas sociales y políticas.
Por eso, hoy en tiempos de polarización, es menester seguir caminando en la senda de la “convivencia democrática”, luchando por alcanzar, entre todos, una “sociedad democrática avanzada”. Para ello, cada vez es más importante pensar en los valores constitucionales, en que el poder no es fuente de dominación sino de servicio, en que la tolerancia implica disposición para respetar las opiniones de los otros y, por encima de todo, en que la razón es el criterio para la vida democrática que, como señalara Friedrich es, más que una forma de gobierno, un talante, un estilo que se manifiesta todos los días.
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