Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada Ourense: Y la finca sin desbrozar... "de quen vén sendo?"
VÍA DE SERVICIO
Entre el caso Kitchen, que está siendo juzgado en la Audiencia Nacional y el caso Leire que instruye el juez Santiago Pedraz, también de la Audiencia Nacional, hay un. trecho insalvable: mientras que el exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sienta en el banquillo por utilizar la maquinaria del Estado para destruir las pruebas que el extesorero del PP, Luis Bárcenas, acumulaba en una “libretita” sobre la financiación irregular del PP y el pago de sobresueldos a sus dirigentes, en el caso de la “fontanera”, Leire Díez, se investiga la operación de los miembros de un partido, el PSOE, que tenía la finalidad de “desestabilizar procedimientos judiciales”. En definitiva, la intención de Díaz y Díez era o es la misma, aunque no es lo mismo operar desde la sede de un ministerio que desde la de un partido.
Pero la situación de uno y otra, y de los casos que protagonizan, es bien distinta: uno está siendo juzgado y la otra investigada. Y a efectos políticos, mientras en el primero se acumulan los indicios de que M.Rajoy era conocedor de los hechos y de que su “número dos” tuvo una intervención relevante en el acoso a Luis Bárcenas -y no se sabe, o sí, por qué extraña razón no están imputados en este proceso-, todavía no han aparecido indicios de que Pedro Sánchez estuviera al tanto de los caso de corrupción que afectan a su partido y que se extienden a las andanzas de un ministro de su Gobierno.
Puede ser que Leire Díez fuera más sanchista que Sánchez, pero en la actuación de Santos Cerdán hay un interés personal en que determinadas investigaciones no prosperaran porque era él el principal urdidor de los casos de corrupción más graves
La responsabilidad política de Pedro Sánchez se hace cada vez más evidente, porque a su alrededor se han sucedido demasiados casos en los que se pone de manifiesto su “culpa in vigilando”, pero hasta el momento no ha aparecido ningún indicio o prueba de que el presidente del Gobierno hubiera dado instrucciones para desestabilizar las investigaciones que afectaban a su ámbito familiar, que es de donde procede la actuación en comandita de Leire Díaz y el ex secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán. Puede ser que Leire Díez fuera más sanchista que Sánchez, pero en la actuación de Santos Cerdán hay un interés personal en que determinadas investigaciones no prosperaran porque era él el principal urdidor de los casos de corrupción más graves. Todos los implicados en estos asuntos se han constituido en el principal cortafuegos que protege a Sánchez, que estaría “in albis”.
Tomados uno a uno, los casos de corrupción que afectan a Sánchez, al PSOE y a su Gobierno, tienen una etiología bien distinta, desde la exacerbación de las investigaciones sobre su esposa y su hermano sobre asuntos de dudosa relevancia penal, a la actuación de unos vulgares delincuentes que se prevalieron de su posición en el Ejecutivo y en el partido, a la sorprendente condena del ex fiscal general del Estado, pasando por las actuaciones lobista de Zapatero, o los más graves, por cuanto pueden suponer el fin de la legislatura, si se demuestra que existe financiación ilegal del PSOE o la extensión de las cloacas del partido. Pero contemplar el conjunto ofrece un panorama desolador de corrupción insoportable.
De vuelta a Díaz y a Díez, el exministro está siendo juzgado por el caso más grave de corrupción política desde los GAL, pero la sentencia tendrá escasa repercusión política por tratarse de un asunto de hace una docena de años, y lo mismo ocurrirá en el caso de Díez que tardará tiempo en juzgarse. Si para entonces gobierna el PP, solo en compañía de otros, sus consecuencias estarán asumidas.
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