Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada Ourense: Y la finca sin desbrozar... "de quen vén sendo?"
CRÓNICA PERSONAL
Lo peor de Pedro Sánchez, al frente del Gobierno -hay que insistir en esto último, es nada más y nada menos que el presidente del Gobierno-, no es que no haya querido enterarse de que algunos de sus más importantes colaboradores y amigos formaban parte de una trama corrupta. Tampoco es lo peor que colocara a su mujer y a su hermano en cargos que por sus propios méritos probablemente no habrían logrado, la prueba es que el polémico nombramiento de dirección musical en Badajoz y de la aún mayor polémica cátedra de la Complutense llegaron cuando Sánchez era secretario general del PSOE, -con Gobierno socialista en la Diputación de Badajoz en el primer caso- y en el Gobierno central en el segundo.
Tampoco es lo peor que publicadas las fechorías que se producían en su círculo político más próximo, negara que tuviera conocimiento de nada, absolutamente de nada. Con las barbaridades que dijeron los socialistas, los suyos, los de Sánchez, sobre Aznar y Rajoy cuando afirmaban que no tenían ni idea, ni sospecha, de los casos de corrupción que se producían en el PP. Sánchez ahora utiliza exactamente el mismo argumento, pero en asuntos mucho más graves, y con la diferencia de que los asuntos que investigan ahora los jueces tienen como protagonistas a personas con las que convive el presidente y a algunos de sus colaboradores más cercanos.
Ni pestañea ante la corrupción más grave que se conoce desde que hay democracia -es un decir, su Gobierno no es ejemplo de comportamiento demócrata-, y que siga empeñado en hacerse víctima de jueces, fiscales y periodistas mal intencionados
Siendo todo ello de gravedad extrema, lo peor de Sánchez en esta situación preocupante, límite, es su encogimiento de hombros ante las noticias que conmocionan a toda España y que provocan titulares en la prensa internacional, sin que le importe que con su actitud tan fría, tan distante, está dejando la imagen de España, y de su Gobierno, por los suelos. Ni pestañea ante la corrupción más grave que se conoce desde que hay democracia -es un decir, su Gobierno no es ejemplo de comportamiento demócrata-, y que siga empeñado en hacerse víctima de jueces, fiscales y periodistas mal intencionados. Y entre lo peor está que Pedro Sánchez toma a los españoles por ciudadanos permanentemente en Babia, cuando es él quien pretende hacer creer que estaba en Babia y no se enteraba de nada. Lo que es de todo punto imposible porque la corrupción se producía delante de sus narices.
Produce preocupación que se niegue a asumir ninguna responsabilidad, no tiene consideración por los españoles ni por nadie. Algunas personas de Moncloa cuentan las broncas a gritos con subordinados, que evidentemente callan ante los improperios porque se juegan mucho si no callan. Y lo que intranquiliza más todavía es que un presidente así, que aguanta todo y miente lo que haga falta para mantenerse en el puesto, sea capaz de llegar aún más lejos con tal de cumplir su objetivo.
¿Cuánto de lejos? Imposible adivinarlo. Nadie con unos mínimos valores, sentido de Estado, respeto a su país y a su gente, se tomaría la corrupción a título de inventario. Ni mucho menos defendería su puesto con argucias intolerables.
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