Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
Los más de mil apodos de Benchosey… y los nuestros
Sostiene Aloysius que el afortunado que descubra la cura de la obesidad seguramente obtendrá el Premio Nobel de Medicina. Es posible, aunque personalmente pesamos que se convertiría en una de las personas más ricas del planeta, el mismo escenario en el que todavía siguen muriendo más prójimos por el hambre que por la opulencia.
La obesidad y el sobrepeso se han asociado a una mayor probabilidad de enfermedad y a una menor esperanza de vida. Incluso en los perros, por poner un ejemplo. Esta patología crónica ha sido relacionada con la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres como los de páncreas, endometrio, mama, riñón, colon y recto.
En los últimos tiempos hemos asistido al desarrollo de una serie de fármacos para el tratamiento de la diabetes asociada a obesidad, como liraglutida, semaglutida y más recientemente tirzepatida. Los estudios de seguimiento han demostrado pérdidas de peso en estos pacientes que oscilan entre un 5% y un 20%. Esto ha llevado a que muchas personas no diabéticas, y ni siquiera obesas, consuman estos medicamentos con la esperanza de perder esos kilos de más que les estorban. Pero, realmente, se trata de fármacos que deben ser prescritos por los médicos bajo estrictas indicaciones.
La fiebre por las milagrosas inyecciones (y pastillas) para perder peso ha llevado incluso al desabastecimiento en las farmacias de un tratamiento necesario para muchos diabéticos. Y de paso, a la falsa creencia de que se puede combatir el sobrepeso y la obesidad únicamente con medicamentos. No es la primera vez que recomendamos la lectura de “El mono obeso”, del Dr. José Enrique Campillo, necesario para entender cómo los genes que hemos heredado de nuestros ancestros, que permitieron su supervivencia en épocas de hambruna y terrible escasez, ahora contribuyen a la génesis de varias enfermedades de la opulencia, precisamente por la incompatibilidad de nuestro diseño evolutivo con nuestros modernos hábitos poco saludables.
Y mientras estas flamantes novedades terapéuticas de doble filo contribuirán a la lucha contra la obesidad, es necesario recordar que para ello es necesario incrementar nuestra actividad física, por supuesto adaptada a nuestra limitaciones físicas, y una dieta hipocalórica. En este mismo aspecto, recientes estudios han demostrado el valor de la dieta FAFO (en español, Flexible y Respetuosa para el Exceso de Peso), tan saludable como la mediterránea, y capaz de hacernos perder peso regularmente, sin pasar hambre, siendo constantes.
Dice un proverbio japonés que lo rápido significa lento, pero sin pausa. También para perder peso. Pues la magia no es nada más que una distorsión de la realidad.
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