Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
El día de los museos
Es probable que cuando el lector acuda al kiosco a comprar la prensa o comparta la lectura con el cafecito, se pregunte ¿qué quiere decir esta palabra tan infrecuente 'dingolondango'? Y la pregunta no tiene nada de extraña, puesto que ante un diccionario de la Real Academia Española con 88.431 palabras y cada una de ellas con abundancia de acepciones en tantísimas disciplinas en las que entra el vocabulario aunque someramente como pueden ser, por ejemplo, la Medicina, Arqueología, Derecho o Informática, nos encontramos como una barquilla en alta mar. Confieso que yo ignoraba tal palabra y me saltó a la vista buscando el significado de otra bien distinta.
Me cayó simpático este vocablo y me recordó a un periodista profesional que se especializaba en buscar las palabras de menor uso para escribir en sus artículos. Se apartaba de comunicar para todos los niveles culturales y daba la sensación de que para leer sus artículos había que llevar en el bolsillo un mini diccionario para encontrar el significado de las palabras tan rebuscadas. ¿A qué obedecía esta tendencia o más bien manía? Tal vez a que en su fuero interno se considerase más culto sin querer darse cuenta de que al lector le interesa más lo que se le transmite que el vocabulario empleado. Y para muestra de la comunicación no altiva y comprensible, tanto para el intelectual como para el obrero, tenemos al español Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez; al expresidente de la Real Academia Española (q.e.p.d.), Fernando Lázaro Carreter, autor del estupendo libro titulado 'El dardo en la palabra', o mi admirado columnista, también fallecido, Jaime Campmany, de cuya amistad presumo haber disfrutado.
Pero volviendo a esa palabra tan poco usada y desconocida 'dingolondango', miren ustedes por donde siendo poco conocida es, sin embargo, transmisora de una faceta muy usada por los humanos. Su significado literal, según el diccionario es: 'Expresión cariñosa, mimo, halago, arrumaco'. El halago es equivalente a decir a alguien interesadamente cosas que le agradan; es primo hermano de la pelotilla. El halago es de universal utilización y más, mucho más, por parte de los políticos. Y el cariño y los arrumacos, ¡oh los arrumacos de la primavera que la sangre altera! Todas estas demostraciones amorosas están amparadas por la palabra 'dingolondango'. ¡Caray con la palabrita!
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