¿Florentino, o más bien Tino, el de la tasca?

SUEÑOS DE OLIMPIA

Publicado: 18 may 2026 - 06:50
Florentino Pérez, durante un momento en su polémica comparecencia ante los medios.
Florentino Pérez, durante un momento en su polémica comparecencia ante los medios. | Europa Press

Mi único contacto personal con Florentino Pérez, fue durante el funeral por el fallecimiento de mi tío Miguel Ángel, hace ya dos años. Junto a Butragueño, en un discreto segundo plano, nos acompañó. Mañana y tarde. En el tanatorio y en el funeral.

Una muestra de respeto, muy por encima de lo esperado, que contrastó con esa falta de empatía o sensibilidad que algunos le atribuían. Me pareció todo un señor, de pies a cabeza. Una persona con valores, también gestor de una gigantesca estructura deportiva.

Por eso me sorprendió tanto esa repentina comparecencia ante los medios. No es que don Florentino perdiese los papeles. Es que se presentó sin ellos. Con una actitud impensable años atrás. O nadie le aconsejó sobre el momento y forma de hacerla o, simplemente, a nadie hizo caso. Lo cual es más grave.

En lugar de imitar a un Joan Laporta, quién pierde el sentido con las burbujas del champán, debería fijarse en su colega del Atlético, Enrique Cerezo, quien torea la adversidad con elegancia y respeto.

Un presidente del Real Madrid nunca debería cargar o señalar a los medios críticos, le gusten o no. Tampoco debería menospreciar a un posible candidato, a quien -error- acaba de presentar en sociedad.

Un presidente del Real Madrid no debería mirarse el ombligo y recordar sus trofeos. Tampoco atribuirse en exclusiva la voz del socio. Y menos declarar que “no me van a echar ni a tiros”, porque su futuro depende de unas elecciones y no de su voluntad.

Un presidente del Real Madrid no puede mantener una rueda ante los medios como si estuviese en la barra de una tasca de la Castellana. Enrevesando un discurso sin guion, empeorándolo a cada frase.

En lugar de imitar a un Joan Laporta, quién pierde el sentido con las burbujas del champán, debería fijarse en su colega del Atlético, Enrique Cerezo, quien torea la adversidad con elegancia y respeto.

Un rival no es lo mismo que un enemigo

Fernando Alonso y Lewis Hamilton en el podio, disimulando su rivalidad.
Fernando Alonso y Lewis Hamilton en el podio, disimulando su rivalidad. | Europa Press

Dice la leyenda que un joven e impetuoso político conservador se sentó al lado del Primer Ministro británico, Winston Churchill en el Parlamento y le dijo “es un honor estar a su lado, frente a nuestros enemigos”. El veterano (y alcohólico) líder respondió. “No se confunda, joven. Enfrente está la oposición. Los enemigos están aquí, a su lado”.

Fue quizá lo único sensato que dijo Florentino Pérez en su comparecencia. La reciente pelea entre sus jugadores Valverde y Tchouaméni está mal, pero sucede, sucedió y sucederá en cualquier entidad deportiva de alto nivel.

Y quién piense lo contrario vió poco deporte. La lucha por un puesto, la titularidad, el liderazgo o el favor de medios, público o patrocinadores, es consustancial entre grandes egos, aunque compartan colores.

Basta con juntar a dos gallos en el mismo garaje, como sucedió entre Alain Prost y Ayrton Senna en los 80, o Fernando Alonso y Lewis Hamilton en 2007 (McLaren). A Valentino Rossi y Jorge Lorenzo tuvieron que separarlos con un muro en Yamaha, y a Mick Doohan y Alex Crivillé (físicamente) en Honda.

En baloncesto fue sonada una pelea, con pistolas, en el vestuario de Washington Wizards (2009) o la tóxica competencia entre Shaquille O´Neal y Kobe Bryant, que frustró la dinastía Lakers del 2000.

En la NFL hay un largo historial de peleas, incluso cuchilladas, entre compañeros. En béisbol fue famosa la disputa en la década de los 20 entre Babe Ruth y Lou Gehrig -seis años sin hablarse en los Yankees- por un comentario trivial de la madre del segundo.

Innumerables son los casos en fútbol, aunque el Lazio de Roma de 1974, con su vestuario divido entre clanes armados, será difícilmente superable.

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