Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Todos los periodistas que llevamos tiempo en este oficio, contemplado ahora desde la perspectiva de jubilados, sostenemos almacenar viejas carpetas y documentos de historias que nunca se contaron y que, debidamente recuperadas, pueden poblar nuestras memorias, con la perspectiva de que estamos alejados de los personajes que protagonizaron aquellos episodios. Los hay simpáticos, anecdóticos, dramáticos, curiosos, relevantes, llamativos, expresivos y, en todo caso, descriptivos. Aquí en Vigo y en otros lugares de Galicia por donde uno anduvo, conoció a todo tipo de personajes, sobre todo en la vida política y social, incluso en los sucesos, a los que en aquel tiempo se les dio un tratamiento distinto al que tendría hoy, aunque siempre, por decoro, algunos preferíamos no ahondar demasiado en aquellas historias.
Cuando en diciembre de 1976, Suárez dejó libres a Carrillo y Santiago Álvarez, secretario general del PCG, cogió un coche y se vino tranquilamente para Vigo, pero sus camaradas de por aquí tenían otros planes: habían decidido movilizar todos los recursos del partido para hacerle un recibimiento espectacular, lo que requería su retorno en tren
Son varias las razones o las situaciones que hicieron que algunas historias no se reflejaran en los medios, en su momento, pese a que en algunos casos eran de dominio público. Cuando todavía existía la Caja de Ahorros de Ourense, en su sede social frente a la plaza del Obispo Cesáreo, cuando todavía doña Concepción Arenal presidía el lugar, desde su imponente pedestal, ocurrió un hecho entre cómico, divertido e insólito que nos dejó perplejos a los presentes. Se realizaba un importante sorteo con una serie de sabrosos premios en metálico para los poseedores de unos boletos. Era como la lotería de Navidad, con varios bombos. Presidia el acto un alto cargo de la Caja, conocido personaje de la vida local. En el momento de llevar a cabo el sorteo se olvidó de poner en circulación los bombos, de suerte que, como no se diera cuenta, procedió a comprobar el resultado. Y claro, en la cesta de cada uno de los cuatro bombos salió 0-0-0-0. Era un error, pero lo más insólito es que la autoridad comentó como si hubiera salido eso de los bombos.
Los presentes nos mirábamos unos a otros entre la perplejidad y el asombro. Pero el responsable del acto parecía estar en otro mundo y comentaba asombrado que el resultado había sido una prodigiosa casualidad. Ya estaba allí, con los equipos de Radio Popular para grabar el sorteo. Otros empleados de la Caja se dieron cuenta de la situación y consultaron a otras estancias qué hacer. Entonces, nos rogaron a los medios presentes que no publicáramos nada ni menos comentáramos el asunto del comentario. Así andaban las cosas entonces. Hubo lances curiosos de personajes de la vida social y situaciones pintorescas, casi todas del mismo estilo. Ya he contado el asunto de la recepción que se montara para Santiago Álvarez, en su falso regreso de Madrid. En mi larga andadura como periodista es posiblemente una de las más graciosas, insólitas de todos los tiempos.
Cuando en diciembre de 1976, Suárez dejó libres a Carrillo y Santiago Álvarez, secretario general del PCG, cogió un coche y se vino tranquilamente para Vigo, pero sus camaradas de por aquí tenían otros planes: habían decidido movilizar todos los recursos del partido para hacerle un recibimiento espectacular, lo que requería su retorno en tren. Se trataba de aprovechar la ocasión para hacer propaganda y mostrar la fuerza del partido en Galicia. El programa comprendía que, en las principales estaciones del recorrido, dentro del territorio gallego, saldrían gentes con pancartas para demostrar la presencia del todavía ilegal partido. La cosa estaba bien pensada. Pero Álvarez llevaba varios días en Vigo. Así que no se les ocurrió otra cosa que mantenerlo convenientemente oculto y seguir adelante con el programa previsto, que incluía la llegada a la ciudad a primera hora de la noche, en uno de los trenes principales con la capital. Y para consumar el engaño, decidieron prescindir de las manifestaciones por el camino, y concentrar todo el esfuerzo propagandístico en la vieja estación de Vigo. El día elegido y anunciado oficialmente para el retorno del exiliado, tomaron a Santiago Álvarez y lo trasladaron a la estación de Redondela, donde hacía larga parada el Expreso Rias Bajas, en el que supuestamente venía triunfalmente retornado el secretario general de los comunistas gallegos. A Santiago subieron al convoy en Redondela de modo muy discreto para que llegara a Vigo como si realmente procediera de Madrid.
Pero con las prisas y la emoción, los encargados de organizar aquella farsa se olvidaron de avisar a los camaradas del camino, concretamente a los de Ourense. Así que cuando había llegado el tren a la estación de Ourense-Empalme y los comunistas y simpatizantes desplegaron las pancartas y estallaron en gritos de júbilo. De entre los diversos lienzos confeccionados para la ocasión, el más expresivo decía “¡Santiago, somos nós!”. La inicial alegría se tornó en decepción cuando comprobaron que Santiago no aparecía por parte alguna. Así que los militantes de vanguardia subieron al tren e indagaron entre los pasajeros. Por fin, dieron con un señor cuya apariencia (bajito, regordete, pelo blanco y gafas) era coincidente con el personaje buscado. Con la lógica emoción lo abrazaron al tiempo que gritaban: “¿Santiago, somos nós!” El sorprendido viajero se desembarazó como pudo de los entusiastas que lo agobiaban y replicó: “¡Y a mí que coño me cuentan, yo soy un guardia civil retirado!”.
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