Luís Celeiro
TÍA MANUELA
De tanto falar, equivócanse
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El dóberman electoral es tan viejo como la propia estrategia política de la joven democracia española. Lo inventó el felipismo para ladrar eslóganes guerracivilistas contra la derecha en tiempo electoral, aunque ahora sigue aullando en la era sanchista con el lema pirata de “que viene la ultraderecha”. Y si bien Sánchez se define como un perro sin dueño, lo cierto es que el dóberman es el mismo perro felipista con collar sanchista para propagar el miedo entre el electorado. Miedo al recorte de las pensiones, miedo con la vivienda, miedo con todo lo que amenace la continuidad del actual régimen Frankenstein. El dóberman se suelta en precampaña para devorar al enemigo, para morder las pantorrillas del rival, para intimidar al votante, neutralizar el cambio e impedir la alternancia. Con el dóberman pasa lo mismo que con la campaña “la fuerza del amor” que el sanchismo ha copiado del kircherismo argentino con coreografía chavista: es un plagio de la campaña, del beso, del te quiero y del baile a lo Maduro.
El dóberman es una raza de perro creada en el siglo XIX en Alemania para facilitar la recaudación de impuestos
Por si alguien no lo sabe, el dóberman es una raza de perro creada en el siglo XIX en Alemania para facilitar la recaudación de impuestos, aunque en España se use políticamente para recaudar votos. Este tipo de animal se emplea como perro policía, perro guardián, perro militar o perro de defensa y seguridad, pero en campaña electoral sale de la perrera para acojonar al electorado con pequeñas mentiras del tipo si gobierna la oposición ultrafascista recortará las pensiones, subirá los alquileres o echará a los okupas de las casas que no son suyas. De momento, al PSOE sanchista se le ha caído el relato de la vivienda en plena precampaña preelectoral devorado por los buitres de la falsedad y la hipocresía. La portavoz Montse Mínguez ha arrojado por tierra toda posibilidad de coherencia al ser su pareja tenedor con 30 pisos de alquiler. Al aún ministro Oscar López también le han pillado con el desahucio de un vecino de Maricarmen a través de Muface, que depende de su ministerio. Y así, burla burlando se va haciendo campaña a golpe de iniciativas basadas fundamentalmente en errores y mala fe, y no en propuestas programáticas que satisfagan el verdadero interés general.
El dóberman electoral es un clásico destinado a terminar en la jaula del populismo, ladrando a la luna lunática sin posibilidad alguna de convencer a los votantes. Desde aquel dóberman de 1996, el Psoe ha usado repetidas veces esta fórmula de ataque al adversario basada en la polarización extrema para intentar convencer a los españoles de los peligros de que gobierne la derecha. En el fondo, estamos ante una campaña del No-Do guerracivilista en blanco y negro que pretende implantar el dominio socialdemócrata traspasando las rayas rojas de la radicalidad. El dóberman electoral de hoy, tras el tropezón sanchista con la vivienda, vuelve a ser el del censo y las pensiones, cuando el único partido que las congeló fue el PSOE de Zapatero en 2011 con el voto de un joven diputado llamado Pedro Sánchez.
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