Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Los riesgos de hacer de extra de cine por aquí
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Estos días, como en el pasado, Galicia es un excelente escenario para la filmación de todo tipo de películas. Pero una divertida anécdota ocurrida hace unos años en el Paseo de Alfonso de Vigo revela que hay que tener cuidado si lo invitan a uno a hacer de extra, sobre todo si es un jubilado o cualquier otra persona que percibe una pensión. Lo habitual es que los productores, si tienen necesidad de filmar escenas en la calle donde se identifica a personas que transitan, y si la secuencia es larga, ofrezcan a estos viandantes la firma de un contrato temporal, bien retribuido, por cierto. Porque, si filman sin autorización, estarían vulnerando el derecho a la propia imagen de los ciudadanos y podrían ser demandados.
Cuento la historia porque pudiera ser que a cualquiera de los lectores de estos relatos le pudiera ocurrir el episodio que narro, sobre todo si es pensionista o percibe el desempleo, insisto en ello. El Estado, tan descuidado en otros casos, es en estos casos inflexible, y lo aplica mediante mecanismos electrónicos automáticos de control. Hace unos años, se estaba rodando una película en el centro de Vigo y una de las secuencias consistía en un barrido de la calle por la que transitaba el protagonista en medio de otras personas. Previamente, se seleccionó sobre la marcha a una serie de viandantes con los que se firmó un breve contrato laboral por horas, por si hubiera que repetir las tomas. Una de estas personas era un jubilado del puerto que pasaba por allí. El buen hombre, de buena fe, firmó el contrato laboral formal. Al liquidar sus gastos la productora, Hacienda detectó el contrato y la retribución que el improvisado actor no había declarado. Y como para estos casos Hacienda es muy seria, al buen hombre le apareció una reclamación y una multa superior a lo que había cobrado por intervenir en la película, por el hecho de ser pensionista.
Desde 1923, Vigo, primero, y toda Galicia, después, han sido escenario de la filmación de numerosas películas, algunas en nuestro tiempo especialmente conocidas, simbólicas y famosas.
Yo mismo me vi en un trance parecido en una terraza de Vila Nova de Cerveira, en Portugal, cuando estaba allí tomando un café y se estaba rodando una película de María de Medeiros. Me preguntaron si me importaría salir en un plano general. Dije que sí, y gratuitamente, no fuera a ser que me pasara lo mismo. De todos modos, las personas que no son pensionistas no tienen por qué preocuparse. ¿Quién sabe si de este modo surgen nuevas estrellas en el firmamento fílmico nacional?
Desde 1923, Vigo, primero, y toda Galicia, después, han sido escenario de la filmación de numerosas películas, algunas en nuestro tiempo especialmente conocidas, simbólicas y famosas. Sus escenarios naturales ofrecen un caudal de posibles localizaciones. Entre otros, en esta ciudad se han rodado filmes tan simbólicos como “Los lunes al sol”, “El desconocido”, “Toro”, “Romería”, “Rondallas”, en los años cuarenta la famosa “¡Che, qué loco!” y, en los años ochenta, la dedicada al caso REACE. También destacan “A Esmorga”, “Sempre Xonxa”, “Siete mesas de billar francés”, “La playa de los ahogados”, “El club de los incomprendidos”, “Vivir sin permiso”, “La unidad”, “Live is life” y otras. Aparte de estas películas, Vigo y su entorno son el escenario de diversas series recientes como “Ágata y Lola”, “Un asunto privado”, “Auga seca” y “Marusia. Vientos de honor”. Y luego están los numerosos documentales. Es famosa la peripecia de un famoso personaje que apareció en una de estas tomas con una señora que no era aquella con la que estaba vinculado por el santo matrimonio.
En resumen, todo este caudal demuestra que, si uno anda por la calle o está a lo suyo, lo pueden requerir para que haga de extra o permita que lo filmen. Pero conviene saber que el uso de la imagen de una persona en una película exige la firma de un contrato de figuración. En España, el salario por hora de producción depende, obviamente, de la productora. La jornada varía, con carácter general, entre los 40 y los 80 euros. El figurante suele ser informado del contexto de la escena y ha de someterse a pruebas de luces. Está mejor pagado si, en determinadas situaciones, el extra sustituye al actor principal en escenas peligrosas. En el cine español ya existe la profesión de figurante para quienes tratan de alcanzar por ese camino la meta de convertirse en actores. Y ha habido casos curiosos de personajes que luego fueron grandes figuras, como Paco Rabal, que eran simples electricistas hasta que fueron descubiertos.
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