Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Café con Amancio Ortega en Zara
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a presentar un plan de paz para Ucrania elaborado sin el concurso de la autoridades de Kiev ni de la Unión Europea, que supone dar a Rusia todo lo que pretende en cuanto al territorio invadido de Ucrania, la limitación del Ejercito ucraniano, la imposibilidad de que se integre en la OTAN y establece el alto el fuego con posterioridad a que se acepten las condiciones de los 28 puntos que contiene el documento, entre las que figuran la obligatoriedad para Kiev de celebrar elecciones presidenciales cien días después de que callen las armas.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski se ha mostrado dispuesto a abordar el plan de paz con Trump, aunque resulta difícil de considerar que lo acabe aceptando por cuanto supone la pérdida de un veinte por ciento del territorio ucraniano, limitaciones para su soberanía y, en definitiva, una capitulación en toda regla frente a la invasión rusa. Trump lo ha vuelto a hacer y toda su iniciativa supone una aceptación de las condiciones impuestas por el Kremlin para que cese la guerra, de tal forma que se quedan en nada otras amenazas que ha realizado dirigidas a Vladimir Putin, al que instó a parar la guerra bajo la amenaza de incrementar las sanciones a Rusia, por lo que ahora su política en Ucrania vuelve a oscilar entre las pretensiones rusas y las peticiones de ayuda que ha planteado el gobierno de Kiev, de tal forma que no puede asegurarse que este plan de paz sea definitivo. Lo que se desprende del mismo es que Estados Unidos obtendrá importantes prebendas económicas de alcanzarse un acuerdo. Trump y su mentalidad de empresario pone siempre precio a su ayuda y a su intermediación en la solución de los conflictos, porque piensa beneficiarse del desbloqueo de los activos rusos confiscados al inicio de la guerra cuando se utilicen para la reconstrucción y las inversiones en Ucrania, para quien se establecen medias de seguridad que garantizan que Rusia no volverá a atacar Kiev. .
La Unión Europea ha vuelto a ser ignorada por la Administración estadounidense, que por boca de la responsable de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha desechado el plan de Trump por considerarlo proclive a las pretensiones rusas y por ser perjudicial para Ucrania tanto en su soberanía como en sus posibilidades futuras de desarrollo, y por supuesto, causó estupor cuando fue publicado justo en el momento en el que se encontraban reunidos los ministros de Exteriores de los Veintisiete, que van más allá del acuerdo que ponga fin a la guerra en Ucrania, porque lo que pretenden es lograr garantías para la seguridad de todos los países frente a las ansias expansionista rusas.
Pese a que el plan de paz de Estados Unidos se escora descaradamente hacia las pretensiones rusas, Zelenski se muestra de acuerdo a negociarlo con Trump sin dejar de señalar que lo que pretende es alcanzar “una paz digna”, que respete la independencia, soberanía y dignidad del pueblo ucraniano. La decisión del presidente ucraniano llega en un momento en el que las cosas no pintan muy bien para él, las tropas rusas están a punto de alcanzar una serie de objetivos militares esenciales para su pretensiones, aunque no acaban de conquistar todo el territorio que desean, y el gobierno de Zelenski se ve cercado por casos de corrupción que afectan a sus colaboradores más cercanos.
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