Fernando Jáuregui
Ahora somos “país refugio”, mire usted por dónde
Mientras la Academia de los Nobel le otorgaba el de literatura a Bob Dylan se moría Darío Fo, otro Nobel. A mí la polémica sobre Dylan me parece fuera de lugar, lo considero un poeta fabuloso, creativo, original, soñador y además uno capaz con sus poemas o canciones, llámenlas como quieran, de hacernos soñar a los demás, algo muy difícil. O sea, un verdadero poeta. De hecho como todos los grandes poetas como Lorca, José Martí o Nicolás Guillén tarareamos y cantamos sus versos como si fueran nuestros: "Verde que te quiero verde"; o "Guantanamera"; o "Duerme negrito"; o "The answer my friend is blowing in the wind", todo es lo mismo. En algún momento no sabemos si los versos son del autor, si son de nuestra propiedad o si es que nos los cantaban nuestros padres cuando éramos niños para dormirnos y por eso se nos quedaron grabados en el corazón para siempre.
Una querida amiga, -mi librera aunque desde que empezó la crisis hace años apenas le compro libros así que ya no sé si es mi librera o no-, escribió en su facebook una nota sobre esto. Una en la que reseñaba su admiración por Dylan y que el premio y el reconocimiento al de Minnesota le parecían genial, ella es fan declarada de Dylan. Pero añadía que en las listas de supuestos nominables que siempre las hay había unos cuantos escritores, digamos más ¿serios? o algo así. En el post también aclaraba que en esas listas que se elaboran por ahí en las que se incluyen los de siempre, Philip Roth, Joyce Carol Oates (que sería mi favorita), Don DeLillo o Milan Kundera, aparecía alguno que no se merecía el premio ni de lejos como Murakami por ejemplo. Estoy totalmente de acuerdo con ella. Yo solo he leído dos libros de Murakami en mi vida, dos tochos infumables que me parecieron todo el tiempo, mientras los masticaba con dificultad, unos malditos chicles sin sabor.
Nunca he visto representada en vivo (quiero decir en el teatro, en la tele sí), una obra de Darío Fo pero durante una época leí bastantes cosas suyas y me gustaba y me gusta mucho. Me fascina esa crítica irónica, humorística y ácida que él sabiamente mezclaba con elementos de la Comedia del Arte o del teatro popular o de marionetas. También me gustaban su compromiso y su anticlericalismo. Cuando sale su nombre recuerdo siempre una escena suya magistral, supongo que del "Misterio Bufo", que se desarrolla durante el segundo sermón de la montaña de Jesús. Entonces, mientras el Hijo de Dios habla se oye a un chaval que desde el fondo de la silenciosa y expectante multitud grita: "¡Jesús, Jesús, haz el milagro de los panes y los peces otra vez, que estaban tan ricos!"
Yo creo que Darío Fo ya está en el cielo y el día que Dylan llegue allí, le abrirá la puerta. Ya saben: "Knock, knock, knockin" on heaven"s door."
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