Echar el muerto a otro

Publicado: 25 feb 2026 - 04:55
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En el noble ejercicio de la política de todo abunda, como en la viña del señor. Existen seres humanos, que se travisten en el desempeño de ese noble arte y, entonces, resultan ser miserables, deleznables, vomitivos… metidos a políticos. Llegado, a esta apreciación, recuerdo haber leído no hace mucho sobre la expresión “Echar el muerto al otro”. Expresión proveniente de la Edad Media, donde eran habituales reyertas y asesinatos sin justificación. Ocurría que, tras hallarse un cadáver abandonado en la población, si no se lograba saber la causa del óbito ni el responsable, el pueblo tenía que hacerse cargo, pagando una multa económica al rey. ¡Ah! Ello dio motivo a que los ciudadanos del pueblo del muerto buscaran la picaresca o el ingenio nada ético, pero eficaz, para eludir la sanción: Trasladar el cadáver al pueblo vecino, dejándole así la responsabilidad de la muerte. Echar el muerto a otro.

La metáfora refleja como los hay que intentan eludir sus responsabilidades, cargándosela a los demás. La política, aparte de adversarios, ya sean por parte de los que configuran la alternativa al gobierno o los que están en la responsabilidad de gobernar, deben y tienen, los unos y los otros, el deber de aportar su visión y argumentos; o sea, ofrecer la otra forma de ver y hacer política. Y si muchas veces alertamos de que la política crea “extraños compañeros de cama”, desgraciadamente, en estos momentos de polarización política, también comprobamos que la (anti)política aporta miserables intolerantes de baja estofa entre los propios “compañeros” de la misma formación política; y no tanto por los puntos de vista discrepantes, como se podía suponer. ¡No!, me refiero a que no se puede rivalizar ni argumentar diferente, aunque se tuviese razón, si el señalado está muerto, ¡que no puede defenderse, coño! Como dice Neme, al ministro sanchista Óscar López le pierde la inquina o le pierde la torpeza, ante un cadáver.

Al ministro sanchista Óscar López le pierde la inquina o le pierde la torpeza, ante un cadáver

Cuando en clave parlamentaria el señor Sánchez acusó al PP de utilizar a los muertos, por el mero deber del PP, como oposición, de denunciar negligencias, que costaron vidas, lo que está acusando es a un Gobierno, que ha ofrecido a los españoles no sabemos ya cuántas versiones sobre el estado de las vías en el trayecto del accidente; siendo la primera de las versiones la de que las vías habían sido supervisadas hacía nada en ese tramo. Para nada el PP acusó a muertos. Sí, que a continuación -sólo unas horas después-, ese ministro del que hablé, culpa al expresidente socialista, Lambán, -ya fallecido- de la derrota electoral en Aragón, con lo que da muestras de una intolerante miseria sin límites, sin escrúpulos. Un ministro de los autodados a llamarse progresista, que ha retrocedido hasta la Edad Media, aquel tiempo en el que se acuñó la expresión “echar el muerto al otro”; pero ese otro muerto (el del fracaso) sobre un muerto real. ¿Quién utiliza a los muertos?

Parece mentira que estas miserables justificaciones y excusas sucedan en un partido, el socialista, de una trayectoria socialdemócrata. Pero hoy es el sanchismo. Sí, el partido a modo y semejanza de Sánchez, sin autocrítica ni pluralismo internos, donde el cambiar de opinión y tergiversar la realidad –pedir explicaciones de un accidente mortal es para Sánchez aprovecharse de los muertos- es el pan nuestro de cada día; financiación singular para beneficio personal… y así una larga retahíla, que hacen todas ellas que Sánchez se presente en sociedad con el manual de resistencia. Un ególatra que, comprobados y digeridos los resultados de las elecciones de Aragón, lejos de hacer una autocritica interna tras tamaño batacazo electoral, manda a un ministro sanchista, aspirante a competir con Ayuso en Madrid, a “ajustar cuentas”, espetándoselas a un compañero socialista muerto, al bueno de Lambán. En RNE se pudo oír al ministro satélite de Sánchez: “En lugar de hacer oposición al señor Azcón, Lambán se dedicó a hacer otra cosa, muchas veces con argumentos de le derecha”. La progresía retrocedió a la Edad Media.

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