Antón Giráldez
TRIBUNA
Territorio emprendedor
La economía del cohete” no deja de ser una expresión utilizada para referirse y describir una economía en rápido crecimiento o ascenso -como un cohete- de avance significativo. Lo que se entiende por un crecimiento económico acelerado. ¡Claro está!, es lo que el cortijo de asesores económicos y no económicos, que son legión -Sánchez Pérez-Castejón es el presidente que bate récords en el número de asesores-, han soplado al presidente: “Pedro dispones de una inmejorable ocasión para impactar con lo de la economía; ya que sabes que con las cosas del comer y relacionadas con la economía impactan mucho a la gente; no va de ideologías cuando de dinero se trata…”. Entonces, Pedro, arma un argumentario fulcral, de impacto, exclamando que la economía española ya no va como una “moto”, sino como “un cohete”. Y el que no esté de acuerdo que le eche guindas al pavo. De esto hace ya catorce meses.
Ahora, que viene el mes vacacional por excelencia, los líderes políticos hacen balance de la primera parte del año, antes de marcharse -nunca se van del todo- al retiro temporal. Y Sánchez Pérez-Castejón, deseando que se le recuerde hasta cuando está de vacaciones, sale en modo triunfal económico, haciendo balance prevacacional; y sabiendo que a mal tiempo siempre hay que poner buena cara, fardó hasta el no va más de crecimiento económico, por encima de la media europea y que la renta familiar es un 9% más alta que en 2018: “España crece como la que más en Europa y crea empleo como nuca se ha creado durante los últimos quince años”. ¡Señoras y señores!: Ahí tienen la economía española, como un “cohete”.
A la vista de la triunfal economía que transmite el presidente, que, ya ven, contrasta diametralmente con el decir y las cifras de las Entidades sociales, yo no sé cómo interpretarlo…
Por qué, entonces, el interrogante del titular: ¿La economía del cohete? Pues debido a que a pesar -o por eso mismo- de ser yo un pobre ignorante en economía, hasta el punto de que un periodista ourensano, cuando hace unos veinte años me preguntó por mi salario y yo le contesté que a ciencia cierta no lo sabía, tachándome ya no recuerdo de qué, cómo voy opinar objetivamente de la economía española. Pero sí que observo un significativo contraste, que mis meninges no me aclaran, al significar el presidente Pérez-Castejón, a finales de julio, el alardeo de la economía del “cohete” y, sin embargo, sólo un mes antes La Región y demás prensa local, dan titulares del tenor: “La pobreza se recrudece en Ourense; Cáritas supera los 10 mil usuarios y el comedor social está en cifras nunca vistas. Y es que la Entidad diocesana atendió a casi 2 mil personas más en 2024 respecto al año anterior”. ¡No lo entiendo!
A la vista de la triunfal economía que transmite el presidente, que, ya ven, contrasta diametralmente con el decir y las cifras de las Entidades sociales, yo no sé cómo interpretarlo… ¿Existe una perniciosa redistribución de la riqueza económica?, que no llega a dónde más se necesita, no para hacer ricos a los indigentes, pero sí que puedan tener cubiertas al menos sus necesidades. ¿De qué nos vale la economía boyante, la del “cohete”? ¿Para que los que tienen más tengan aún más y los que mendigan comida sean más mendigos y más personas? Callo y me consuelo recordando el “es la economía, estúpido”, cita famosa utilizada por un estratega de la campaña presidencial de Clinton en 1992.
Qué desgracia que el “cohete” económico de Sánchez Pérez-Castejón no se pueda disgregar, trocear, en miles y miles de cohetitos, y repartirlos entre tantas personas que acuden a las Entidades sociales para… comer caliente. A dónde iremos a parar si esto ocurre en un país llamado España que, en boca de su Presidente, su economía crece más que ninguna en Europa. Neme, siempre bien informado, hasta se escurre por las ramas, al describir al personaje triunfante: “La vida que algunos hombres consideran un éxito constituye sólo una posibilidad. ¿Por qué habríamos de exagerar, y considerar éxito, tan sólo un aspecto más que discutible, a expensas de otras posibilidades?” El caso es que las palabras que no van seguidas de los hechos no valen para nada (Demóstenes), aunque se digan antes de partir de vacaciones.
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