Jorge Vázquez
SENDA 0011
El trabajador aumentado por IA
El salón de mi casa da a un gigantesco patio de manzana mancomunitario compartido por docenas de edificios. Como vivo en un sexto piso, desde allí tengo incluso unas mínimas vistas de un monte lejano que, si he de ser sincero, ni siquiera sé cual es. Durante algún tiempo creí que era La Guía, pero no lo es. La orientación geográfica nunca fue lo mío.
En estos días de principio de verano oigo siempre el insistente y precioso chip-chip de una pareja de colirrojos tizones que anida enfrente, a unos quince metros de mi, detrás de un canalón de aguas de otro edificio. Todos los veranos lo hacen. Entonces me encanta abrir las ventanas por la mañana y escucharlos todo el tiempo mientras escribo, mezclados sus simpáticos trinos con los agudos chirridos de los vencejos y el familiar gorjeo de los gorriones que pululan por el patio.
Hace tiempo unos amigos que vivían cerca de mi casa tuvieron una pareja de colirrojos anidando en una maceta de un balcón de su salón, así que no abrían la puerta del balcón ni regaban las plantas, y cada vez que yo o algún otro iba a su casa, teníamos que oír el consabido "no te acerques a esa ventana para no asustar a los colirrojos".
Como siempre me han gustado los pájaros e incluso fui "birdwatcher" durante un tiempo, me encanta esa sensación casi únicamente auditiva (a veces le echo un vistazo a la parejita, claro), que convierte mi salón en la preciosa banda sonora de un documental de La 2. Un impagable regalo del cielo, nunca mejor dicho lo del cielo.
Hay un pajarillo amazónico del que creo haber hablado alguna vez por aquí, el uirapurú, que tiene uno de los cantos más fascinantes del planeta. El uirapurú es un pájaro centroamazónico muy difícil de ver y de encontrar por lo pequeño, por lo huidizo, y porque su plumaje pardo y colorido se camufla estupendamente en la selva. Pero lo mejor es su canto. El uirapurú canta como un músico de jazz un poco chiflado, moderno e ingenioso, que improvisa constantemente melodías originalísimas e inesperadas. Dado que es tan difícil de localizar y ver, y para colmo solo canta durante quince días al año durante el celo y mientras construye el nido, apenas existen filmaciones suyas ni grabaciones de su canto, lo que no hace sino confirmar la creencia extendida entre los pueblos de la Amazonia de que "quién oiga el canto del uirapurú, será feliz para siempre". Por cierto que uirapurú en tupí-guaraní significa "el pájaro que no es un pájaro" y se dice también que cuando canta, la selva entera guarda silencio.
Lo de ser feliz para siempre es muy interesante. A mi la parejita de colirrojos tizones me hace bastante feliz, dentro de lo que cabe, pero si ustedes quieren ser felices de verdad, entonces prueben con el uirapurú. Tecleen en internet "canto do uirapurú", escuchen y... disfruten. Salud, amigos.
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