Roberto González
Hugo Álvarez: los valores también juegan
El fútbol profesional parece medirse por grandes contratos, traspasos millonarios y un amplio número de seguidores en redes sociales. De vez en cuando es bueno recordar qué es lo que realmente convierte a un futbolista en un referente. El éxito en el deporte no se mide únicamente por los resultados, sino también por la capacidad de inspirar a los demás.
La pasada semana, el Centro Comercial Ponte Vella acogió un encuentro muy esperado con Hugo Álvarez, futbolista ourensano del RC Celta de Vigo. Más de trescientas personas, entre ellas decenas de niños y niñas de escuelas de fútbol base, acudieron para conocer de cerca al jugador ourensano con más proyección del momento. Fue algo mucho más importante que una simple firma de autógrafos o una fotografía.
Hugo Álvarez representa la historia que cualquier niño sueña vivir. Un joven ourensano de 22 años, formado en las categorías inferiores del Ponte Ourense, estudiante del colegio Divino Maestro y procedente de una familia humilde, que ha conseguido abrirse camino hasta la élite del fútbol español. Esta temporada ha participado en 28 partidos con el primer equipo del Celta, anotando cuatro goles y repartiendo dos asistencias, contribuyendo a que el conjunto vigués lograse una clasificación europea por segundo año consecutivo.
Escuchó historias, respondió preguntas y dedicó tiempo a cada persona como si fuera la única allí presente
Sin embargo, lo que realmente llamó la atención durante el encuentro fue su actitud. Durante más de dos horas atendió a todos los asistentes sin excepción. Firmó camisetas, cromos y balones. Entregó postales personalizadas. Se fotografió con cada niño que se lo pidió. Escuchó historias, respondió preguntas y dedicó tiempo a cada persona como si fuera la única allí presente.
Por su parte, no hubo prisas, ni gestos de impaciencia, ni distancia con quienes habían acudido a verle. Un comportamiento que puede parecer un detalle menor para algunos, pero que tiene una enorme importancia para quienes están comenzando a recorrer el camino del deporte y de la vida.
Para un niño de ocho, diez o doce años, ese momento puede convertirse en un recuerdo que le marque. Puede ser el impulso que le anime a seguir entrenando, a esforzarse más en sus estudios o a creer que los sueños son alcanzables. Los referentes tienen esa capacidad transformadora y, precisamente por ello, el fútbol es mucho más que un deporte. Es una herramienta educativa de primer nivel.
Del mismo modo que debemos reconocer y aplaudir actitudes como la de Hugo Álvarez, también debemos ser críticos con aquellos comportamientos que transmiten mensajes equivocados
Cada fin de semana miles de niños observan, imitan y aprenden de los futbolistas que ven en los estadios y en las redes. No solo copian sus regates o celebraciones; también reproducen sus comportamientos, sus gestos y su manera de relacionarse con los demás. Los jugadores profesionales, quieran o no, ejercen una enorme influencia sobre las nuevas generaciones.
Por eso resulta necesario exigir ejemplaridad. Del mismo modo que debemos reconocer y aplaudir actitudes como la de Hugo Álvarez, también debemos ser críticos con aquellos comportamientos que transmiten mensajes equivocados. Las provocaciones, los enfados tras una sustitución, las faltas de respeto o determinadas declaraciones públicas no pueden pasar desapercibidas. Cuando un jugador se convierte en ídolo de miles de jóvenes, adquiere también una responsabilidad que va mucho más allá del terreno de juego.
Los clubes, además, deben asumir un papel activo en esta tarea. No basta con valorar únicamente el rendimiento deportivo. La formación humana y los valores deberían ser un requisito tan importante como el talento. El respeto, la humildad, el compañerismo y el compromiso con la sociedad son cualidades que también representan a una entidad y que contribuyen a construir un fútbol mejor.
Mucha suerte, Hugo. Has demostrado que, más allá del futbolista, existe una persona cercana, agradable, cariñosa y humilde
Hugo Álvarez demostró en Ponte Vella que es posible triunfar en la élite sin perder la cercanía ni las raíces. Demostró que se puede ser futbolista profesional y, al mismo tiempo, mantener intactos los valores que le acompañaron desde sus inicios. Y, sobre todo, recordó algo que nunca deberíamos olvidar: los goles pasan, las clasificaciones cambian y las temporadas terminan, pero son las personas las que perduran.
Mucha suerte, Hugo. Has demostrado que, más allá del futbolista, existe una persona cercana, agradable, cariñosa y humilde. Un chico normal que no ha olvidado de dónde viene ni a quienes le han acompañado durante el camino. Ourense te desea lo mejor y estará contigo para celebrar tus éxitos, pero también para apoyarte en los momentos de bajón. Porque los referentes de verdad no solo se admiran por lo que consiguen sobre el césped, sino también por cómo se comportan fuera de él. Y tú has demostrado que, efectivamente, los valores también juegan.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último