El voto femenino

Publicado: 10 ene 2025 - 00:55

Aún no se ha sentado en la Casa Blanca y Trump ya ha puesto patas arriba la política internacional. Vienen malos tiempos para la democracia con dos tipos beligerantes como el payaso Donald y el furioso Putin, elevados a dictadores por los votos de la ciudadanía, y ambos jugando al lado del verdadero poder económico bajo la oscura batuta de Xi Jinping en China. Alrededor de ellos pulula una corte de guerreros secundarios como Netanyahu, Kin Jong-un, Milei o Maduro, es decir, la testosterona está al mando del planeta. No hay sito, por tanto, ni para la reflexión ni para las estrategias inteligentes. En ese cuadro de dirigentes solo asoma débilmente la cabeza de una mujer, Úrsula von der Leyen, y es conservadora. ¿Qué ha pasado en poco más de una década con el impulso político femenino internacional?

En el último tercio del siglo XX se anunciaban las conquistas de la mujer como un nuevo horizonte de convivencia más democrático, más justo, más inteligente y próspero. La lucha liberadora de la mujer había alcanzado estatus insospechados con la incorporación al trabajo, a la independencia económica, al derecho a su propio cuerpo para procrear o no, a la educación superior, al poder político y a otras rupturas de techos de cristal. Sin embargo el péndulo se ha ido al lado contrario por mor del impulso de los poderes económicos y las nuevas trampas de comunicación mediática. Yo aún estoy aguardando por el análisis sesudo de politólogos y usuarios de la demoscopia para saber por qué Hillary Clinton y Kamala Harris, a quienes presuponíamos capaces de recaudar el voto femenino en masa, han perdido rotundamente ante un Donald Trump golpista, delincuente, machista y putero. ¿Cuántas mujeres le han votado?

La evidencia de que en EEUU una mujer nunca llegará a la Casa Blanca gracias a la fuerza del voto femenino ha quedado certificada. Además, los hitos importantes de políticas contemporáneas con mando en plaza, no son ejemplos a seguir: Golda Meir, Indira Gandhi, Margaret Thatcher, Ángela Merkel… han demostrado un conservadurismo más cercano a los “guantes de hierro” que a los cambios en los usos tradicionales de gobernar por parte de los hombres. No, no soy capaz de alcanzar un diagnóstico de qué está pasando con el voto femenino transformador en estos momentos. En los meses precedentes he leído tres ensayos de mujeres sobre el tema, una pila de reportajes y algunas novelas al respecto, escritas por conocidas autoras de referencia. Me ha parecido que viven en otro mundo ajeno al real.

Contraponiendo mi larga experiencia de observador, contra la situación de los últimos acontecimientos electorales y los que se avecinan, no he podido menos que pensar en un renacimiento exacerbado contra los movimientos feministas. Constato que el machismo político y partidista ha abandonado el falso consentimiento con el que jugaba en la sombra y se propone devolver al pasado al cincuenta por ciento de la Humanidad. Y, lo que es peor, constato que todo el trabajo y la lucha contra los techos de cristal no ha calado en una inmensa parte de la población femenina, esa que vota a Trump y similares. ¿Cuestión de ignorancia? ¿Falta de formación política? ¿Miedo al macho protector? No tengo respuestas aunque me trasladen a la idea de una situación estructural demasiado sólida.

Tan sólida que las principales banderas de la extrema derecha europea hoy las enarbolan Giorgia Meloni en Italia, Marine Le Pen en Francia y Alice Weidel en Alemania. El voto femenino o ha cambiado de rumbo o está en crisis o no se entiende su lugar en el mundo real.

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