Elecciones: la economía que viene

CUENTA DE RESULTADOS

Un adelanto electoral abriría una batalla por el rumbo económico del país: menos regulación con el PP frente a más intervención y gasto social con la izquierda, con la vivienda en el centro del tablero.

Publicado: 04 oct 2026 - 05:10
Una persona introduce su voto en la urna.
Una persona introduce su voto en la urna. | Europa Press

Si Pedro Sánchez decide adelantar las elecciones generales, España no entrará solo en una campaña sobre la continuidad de su Gobierno. Se adentrará también en una discusión más profunda sobre el modelo económico de los próximos años. Después de una legislatura marcada por la intervención pública, las subidas del salario mínimo, la reforma laboral, la revalorización de las pensiones, una presión fiscal creciente y una política de vivienda cada vez más regulatoria, unas elecciones anticipadas podrían colocar ante los ciudadanos una alternativa económica distinta.

Las expectativas han cambiado con una velocidad extraordinaria. En Polymarket, un mercado de predicción en el que los participantes arriesgan dinero sobre acontecimientos futuros, la probabilidad asignada a unas elecciones españolas durante 2026 ha pasado aproximadamente del 13% al 70% en apenas una semana. En ese mismo mercado, Alberto Núñez Feijóo ronda el 88% como próximo presidente frente a alrededor del 11% de Pedro Sánchez. El movimiento coincide, aunque mediante una metodología diferente, con las simulaciones electorales publicadas este sábado por Kiko Llaneras en El País: las encuestas agregadas sitúan al PP alrededor del 33%, al PSOE en el 26% y a Vox cerca del 18%, y un 85% de las simulaciones otorgan mayoría absoluta a la suma del PP y Vox.

España crece más que Europa, pero vivienda, productividad, impuestos y poder adquisitivo anuncian una batalla económica

Nada de esto permite afirmar quién ganaría unas elecciones que ni siquiera han sido convocadas. Los mercados de predicción no son encuestas y las simulaciones dependen de los sondeos disponibles, de sus márgenes de error y de hipótesis sobre la distribución de los votos. Además, la experiencia española de 2023 aconseja prudencia ante cualquier resultado aparentemente escrito con meses de antelación. Lo relevante ahora es otra cosa: los mercados, las encuestas y los propios partidos empiezan a comportarse como si unas elecciones próximas fueran una posibilidad real. Sánchez está estudiando incluso el 29 de noviembre como eventual fecha electoral, aunque todavía no ha adoptado públicamente una decisión.

Si finalmente la toma, la economía debería ocupar un lugar central en la campaña porque España llegaría a las urnas en una situación paradójica. El cuadro macroeconómico es considerablemente mejor de lo que sugiere buena parte de la crispación política. La Comisión Europea prevé para 2026 un crecimiento del PIB del 2,4%, superior al 0,9% esperado para la zona euro, y un desempleo del 9,9%. La deuda pública bajaría ligeramente del 100% del PIB y el déficit permanecería en torno al 2,4%. No hay, por tanto, una economía en recesión esperando un rescate político.

Pero tampoco existe motivo para la complacencia. La inflación vuelve a rondar el 5% como consecuencia, entre otros factores, del encarecimiento energético; el paro continúa siendo elevado en términos europeos; la productividad sigue constituyendo uno de los grandes problemas estructurales; la deuda permanece próxima al tamaño de toda la economía y el final de los fondos extraordinarios europeos obligará a revisar prioridades presupuestarias. A ello se añade una crisis de vivienda que se ha convertido en una formidable transferencia de renta entre generaciones y entre quienes poseen un inmueble y quienes necesitan acceder a él. Es precisamente en ese contexto donde unas elecciones podrían adquirir una dimensión económica mayor que las anteriores.

@J_L_Gomez

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