Fernando Alonso contra el tiempo

LA OPINIÓN

Publicado: 04 oct 2026 - 05:20
El piloto español Fernando Alonso.
El piloto español Fernando Alonso. | Europa Press

La parte baja del aparador de la sala de Valle Inclán guardaba una colección de VHS de lo más variopinta. Podías encontrar desde los mareantes thrillers neo-noir de papá hasta los títulos más tiernos de Disney, aunque mis favoritas siempre serán las cintas que sobregrabábamos con cualquier hit televisivo cuando la programación no era un bodrio. Colocábamos cinta de pintor con esmero en el canto del film y escribíamos un sucinto epígrafe con un permanente. ‘Hungaroing 2003’ nunca se sobrescribió. Desde entonces, es imposible enumerar los episodios por los que hemos pasado. Y mientras la cinta coge polvo, olvidada en alguna buhardilla, Fernando Alonso sigue en la Fórmula 1.

Si el registro de su primera victoria en el Circo Máximo nunca se borró es porque, a pesar de mi puericia, sabía que era un hito sin precedentes. Antes del asturiano, la vitrina de éxitos nacional en la competición más importante del automovilismo era un páramo, salpimentada únicamente con la leyenda del Marqués de Portago y un lacónico podio en Silverstone 1956.

Pero Alonso nació imbuido del espíritu de su ídolo Ayrton Senna. Un kart para su hermana Lorena terminó en sus manos por causas del destino, que no se suele equivocar. Y en el año del primer campeonato mundial del brasileño -1988-, con apenas siete, Fernando ganaba su primer título en Asturias. La brujería hizo de las suyas y los talentos del mejor piloto de la historia tocaron al ovetense, tiñéndolo de sol.

De algún modo estaba escrito. Adrián Campos, que en 1987 inauguró una alianza hispano-italiana con Minardi por la que también procesionaron Luis Pérez-Sala, Pedro de la Rosa y Marc Gené, se cruzó en su camino para guiarlo. Y en 2001, el Nano debutaba en Melbourne a lomos de una cafetera. De eso hace más de 25 años.

Es demencial pensar que lo volverá a hacer, pero no por cualquier cosa es el único piloto que ha entrado dos veces en el Salón de la Fama de la FIA.

Cuando Alonso se estrenó en la Fórmula 1 las Torres Gemelas estaban en pie; no existía la Wikipedia, ni Gmail, ni Youtube, ni el Iphone; pagábamos con pesetas y se fumaba en los bares; ningún país había aprobado el matrimonio homosexual; la oveja Dolly vivía y Plutón era un planeta; España siempre perdía en cuartos, Rafa Nadal cursaba la ESO y Lebron James, que acaba de anunciar su enésima peripecia, aún no había sido drafteado. Y ahí está el tío, con 45 palos, renovando otro más con Aston Martin.

Es una carrera que no se detiene. Campeón mundial de karting, campeón mundial de Resistencia, bicampeón de las 24 horas de Le Mans, campeón de las 24 horas de Daytona y por supuesto, los dos mundiales de Fórmula 1 que dice Newey que no reflejan su calidad. Es demencial pensar que lo volverá a hacer, pero no por cualquier cosa es el único piloto que ha entrado dos veces en el Salón de la Fama de la FIA.

Sí creo que el suflé se ha inflado de manera rotundamente innecesaria a lo largo de todos estos años en los que nos han condenado a un torrente de noticias aberrante. Pero si no fuese por todas esas falsas promesas, esa desmedida expectación por la 33 y el entusiasmo contagioso de los locos que creen que volverá a ganar, quizás los jóvenes jamás habrían entendido lo que un día fue para nosotros Fernando.

Se cuenta que la Reina Virgen, ante su inevitable óbito, acertó a decir: “Todas mis posesiones por un momento más de tiempo”. Alonso aguanta en una jungla. Se agarra a un momento más de tiempo sin regodearse en coronas. Mantiene viva una llama, a veces absurda y a veces, sagrada. Y, por mucho que nos resistamos, ahí estamos todos, mirando por el rabillo del ojo por si cualquier domingo podemos volver a ser esos niños que grababan sus hazañas en un VHS que ya ha fundido el tiempo.

@jesusprietodeportes

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