Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
La aldea que sigue estando debajo
Hoy todo se hace público; hay que manifestarse tal como somos, sin complejos; nada ha de quedar oculto: "al pan, pan; al vino, vino". Este exhibicionismo está bien visto. En ello -dicen- anida la honestidad y la valentía.
El esquema mental -el de "sí o no"- preocupa por su infantilismo estructural. Y preocupa porque la vida individual y colectiva (sobre todo la colectiva), son muchísimo más complejas y no caben en tal esquema.
Este exhibicionismo que domina en los mass-media está consiguiendo eliminar la barrera entre lo público y lo estrictamente privado. Es el signo de los tiempos, el exponente de una sociedad que infravalore la mesura en el decir y la elemental prudencia en el hacer.
A tanta sinceridad, a tanta transparencia, el pensador Jean Baudrillard, las califica de obscenas. Al respecto escribe: "Cuando todo se hace transparente y visible; cuando todo queda sometido a la cruda e inexorable luz de la información y comunicación, estamos ante un fenómeno obsceno".
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