Eppur si muove

Publicado: 11 abr 2008 - 02:00 Actualizado: 11 feb 2014 - 00:00

Cuenta la leyenda que en junio de 1633 Galileo Galilei murmuró eppur si muove (y sin embargo se mueve) tras pronunciar, ante el Tribunal de la Santa Inquisición, la fórmula por la que se le ’invitaba’ a renegar de la visión heliocéntrica del Mundo. El padre de la física moderna había retomado una teoría copernicana que restaba protagonismo a la Tierra como centro del Universo en torno a la cual rotaban el resto de cuerpos celestes. Fuera o no cierta, aquella sencilla frase sintetiza aún hoy, desde un punto de vista simbólico, la tozudez de la evidencia científica frente a la censura de la Fe y las convenciones obligadas.

También tozudo, aunque en este caso contra la evidencia, se muestra el presidente del Gobierno todavía en funciones y único aspirante a serlo durante los próximos cuatro años. Durante su discurso en la sesión de investidura del pasado martes evitó en todo momento mencionar la palabra crisis, aferrándose a aquello de la desaceleración. Sólo un día después, el Fondo Monetario Internacional certificó lo acelerado de la desaceleración, dando por buenas las previsiones del Servicio de Estudios de BBVA, al situar el crecimiento del PIB español correspondiente a 2008 en el 1,8 por ciento, cerca de un punto y medio porcentual por debajo de la proyección que todavía mantienen los Presupuestos Generales del Estado. Por muchas críticas que reciba el empleo del vocablo adecuado, no deja de ser ésta una cuestión de matiz, incluso subjetivo, en el que no hierra el jefe del ejecutivo.

Pensemos que cuatro economistas podrían dar, al menos, cuatro definiciones diferentes, incluso varias por cada uno de ellos. Y que la cuestión se complica si quien emite la opinión es un político interesado. El verdadero problema radica en considerar cíclicos y no estructurales muchos de los problemas esenciales de nuestra economía. De acuerdo con esa perspectiva para solucionar nuestros males bastaría con un cambio de filosofía en el Ministerio de Vivienda: si antes ayudaba a comprar pisos, que ayude ahora a venderlos. La realidad es mucho más compleja y, lamentablemente, tiene consecuencias. En este sentido, también la experiencia histórica es tozuda y demuestra que crecimientos inferiores al 2 por ciento garantizan destrucción de empleo en un país donde la tasa de paro es un fantasma de la economía.

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