Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
CAMPO DO DESAFÍO
La mera existencia de individuos como Antonio Escohotado (1941-2021) debiera ser motivo de celebración. Celebración de la vida y las notas de color que él prodigó a manos llenas: las lúdicas y dionisíacas, también las ceñidas a un pensamiento metódico cuando quiso “emanciparse de los simplismos”. El Foro La Región ha traído su memoria, en el diálogo entre su hijo Jorge y el filósofo Gabriel Albiac. Escohotado vivió varias vidas y, en todas ellas, ocupó el lugar del chamán, del hechicero… o del crupier. Supo ser joven entre los jóvenes de distintas épocas y lo fue por estar siempre dispuesto a pensar, a no dar nada por consagrado y a aplicar el tamiz de la razón a lo dado, lo previsible y lo correcto.
Dice Fernando Savater que, en Escohotado, “la personalidad está por encima de la obra” y es probable que el encantamiento de su palabra, las maneras elegantes y la actitud socrática, opacaran el sentido de algunos de sus trabajos que, en todo caso, tienen una masa fiel de seguidores. Varias generaciones de jóvenes han encontrado en Escohotado un compañero de inquietudes compartidas, eso sí, un tanto enmarañado e imprevisible. Nuestro filósofo, jurista, profesor universitario y madridista -con libro incluido-, disfrutó los amplios auditorios del espectáculo y los efectos de su calculada y provocadora erudición.
En los últimos años y en un giro que incluye a no pocos de su generación, Escohotado se prodigó en el apostolado del liberalismo económico y, como en él era habitual, se entregó a una torrencial investigación
En los años setenta y ochenta del pasado siglo, una serie de individuos viajados y leídos, como el propio Savater, Azúa, Luis Racionero, Rubert de Ventós, Vicente Verdú, Sánchez Dragó o el arquitecto Óscar Tusquets, entre algunos otros que incluían a Escohotado, transitaban por vías ajenas a las del pensamiento consolidado a derecha e izquierda. Serían nuestros postmodernos, situados en el gozo y el éxito de la libertad, la estética y el espectáculo, la televisión de masas y una ética sin demasiados compromisos. La juventud más creativa y recreativa los seguía y las investigaciones que Escohotado puso por escrito en la Historia general de las drogas (1989), fueron un contrapunto a los rigorismos políticos y morales que el país trataba de superar, a las relaciones paterno-filiales y a los tabúes adheridos como una piel vieja a la vida cotidiana.
En los últimos años y en un giro que incluye a no pocos de su generación, Escohotado se prodigó en el apostolado del liberalismo económico y, como en él era habitual, se entregó a una torrencial investigación que produjo la trilogía de Los enemigos del comercio (2008-2017), dos mil páginas repletas de citas y referencias para denunciar el comunismo, un muerto que llevaba décadas enterrado. Los diarios, las memorias, poner en pie una editorial y el sol de Ibiza, acompañaron los últimos años de Escohotado, el dandi intransigente, como lo calificó Albiac en Ourense.
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