Plácido Blanco Bembibre
HISTORIAS INCREÍBLES
Miedo a nada
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La preocupación social por la política de vivienda es máxima. La crisis de 2008 desmanteló el sector y las políticas públicas de promoción. Por ello, no existe una respuesta ágil y contundente. El profesor de economía Xoaquín Fernández Leiceaga constata en el Anuario 2026 del Foro Económico de Galicia que el Plan Nacional de Vivienda 2026-2030 avanza “en la buena dirección”, pero aun así advierte de que se necesitan más recursos, “tanto públicos como privados”, del mismo modo que se precisa la colaboración “eficiente” de todas las administraciones y liberar a las comunidades autónomas de la tutela financiera del Estado, “para que asuman plenamente sus responsabilidades”.
La compraventa de viviendas ha vuelto a descender, pero sería precipitado interpretar ese retroceso como el principio de un abaratamiento general. En mayo se formalizaron 56.462 operaciones, un 7,3% menos que en el mismo mes de 2025 y la mayor caída registrada en dos años. La cifra habla de una demanda que pierde impulso, condicionada por los precios, el ahorro necesario para afrontar una entrada y las dificultades de acceso al crédito. No demuestra, sin embargo, que la vivienda haya dejado de ser uno de los principales problemas económicos y sociales de España.
La aparente contradicción se explica con facilidad. Se compran menos casas, pero allí donde la población y la actividad económica se concentran continúa faltando oferta. Y en los mercados más atractivos –las grandes ciudades, sus áreas metropolitanas, las islas y buena parte del litoral– esa escasez mantiene los precios bajo presión. Según Leiceaga, las medidas de control de precios son cortoplacistas y el ejemplo europeo indica que solo una acción sostenida para crear un parque de vivienda social en alquiler constituye una respuesta adecuada. El Banco de España estima que España acumula un déficit de unas 750.000 viviendas. Pero ese número, útil para dimensionar el problema, puede resultar engañoso si se interpreta como una escasez uniformemente distribuida. No faltan casas en todas partes ni sobran en las mismas condiciones. El país tiene, en realidad, dos mapas residenciales: uno marcado por la falta de oferta y otro por la existencia de viviendas vacías, secundarias o situadas lejos de los lugares donde se crean empleo y nuevos hogares.
Madrid y Soria representan los extremos de esa fractura. La comunidad madrileña presenta un desajuste del 16%, equivalente a algo más de 120.000 viviendas. Su déficit es similar, por sí solo, al de las 30 provincias españolas con menor presión inmobiliaria. Soria, por el contrario, registra un indicador de apenas el 0,15% y se encuentra en una situación de excedente técnico, con más de la mitad de su parque destinado a usos secundarios o desocupado.
Galicia se encuentra más cerca de la situación de menor presión, aunque con diferencias provinciales relevantes. El indicador se sitúa en el 0,38% en Ourense y en el 0,40% en Lugo. En Pontevedra alcanza el 1,20% y en A Coruña, el 1,90%, siempre según los datos del Banco de España. Ninguna de las cuatro provincias gallegas se aproxima al desequilibrio madrileño, pero esa comparación no debería conducir a la complacencia. Una casa vacía en un municipio en declive demográfico no resuelve la necesidad de alojamiento de una familia que trabaja en las ciudades de Vigo, A Coruña, Ourense o Lugo.
@J_L_Gomez
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