Miedo a nada

HISTORIAS INCREÍBLES

Publicado: 19 jul 2026 - 04:10
Opinión en La Región
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A veces te sobresaltas. Pasas rápidamente de la tranquilidad a percibir un miedo repentino. Suele producírtelo una sorpresa. A veces compruebas ahí mismo que se trata de una broma o una tontería.

Nuestra moderna sociedad peca habitualmente de impartir un tipo de educación sobreprotectora. No se trata a un hijo como si lo fuere, sino como si fuese un pedazo de cristal a punto de romperse. Con la misma frecuencia se verbalizan nuestros miedos delante de los hijos y de forma no prevista, se les condiciona para la vida futura. Por mucho tiempo seguirán escuchando, en su interior, una voz misteriosa que no es más que el aviso paterno: “Ten cuidado”. Ocurrirá entonces que sentirán electrocutadas sus decisiones más vitales.

La verdad, es que el ser humano vive cargado de miedos. En la infancia hemos temido la oscuridad, al hombre del saco, al señor maestro, al perro de la señora Clara, al sacamantecas o al señor alcalde… Muchos de esos miedos son la base de una neurosis fóbica de la vida adulta. Hoy se hace evidente la relación entre la neurosis fóbica y la neurosis de angustia.

En esta sociedad con un punto de locura, descubrimos cómo muchos de nuestros amigos viven con inquietud. Con nerviosismo y zozobra van trampeando cada día con la intuición de que algo negativo puede ocurrir. Entonces evitan someterse al más insignificante riesgo.

Un estado de angustia permanente, hace que se consulte con mucha frecuencia a los profesionales sobre ese estado perpetuo de ansiedad. Los antiguos psiquiatras ponían nombres técnicos a muchos miedos. Al emparejar el griego y el latín daban lugar a términos que a ellos les prestigiaban y que servían para clasificar a sus pacientes: agorafobias, claustrofobias, pirofobias, ofidiofobias, nictofobias…

El miedo a lo desconocido estará presente siempre. Será tan persistente que las relaciones adultas de los seres humanos suelen estar perturbadas por este miedo. Tememos al que llega. A quien llega de un país que creemos misterioso, a quien llega desde detrás de la niebla; realmente.... a quien desconocemos. Ese es también el origen de nuestra xenofobia (odio, recelo, hostilidad hacia los extranjeros).

Pero... ¿cómo desprenderse del miedo que habita en lo más profundo de nuestro cerebro? Un procedimiento habitual en nuestro tiempo es el recurso a la sotería. Es el síntoma opuesto a la fobia. Se busca en ella una absurda sensación de protección. Hoy, más que nunca, los talismanes, amuletos, fetiches, están en los bolsillos. Sabe quién los lleva que no existe relación alguna entre el acto o el objeto supersticioso y la protección o la suerte, pero afirma sentirse más tranquilo y seguro.

Un montón de pícaros han empleado, sin duda, el concepto de lo divino para aterrorizar a una humanidad creada para la libertad, la tranquilidad, la colaboración y la paz interior. Dios mantiene una relación con la humanidad con un profundo respeto a su libertad. Es un principio fundamental para entender la religión. Donde hay Amor no hay temor. Toda presentación de Dios como un coco mete-miedos, un ser vengativo, es una falsificación de su nombre.

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