“Toda España va a ser Ourense”

TRIBUNA

Publicado: 19 feb 2026 - 00:10
El motín de Madrid. Hoy 20-05-1920.
El motín de Madrid. Hoy 20-05-1920.

Era más que una escaramuza en la avanzada. Incluso, el primer edil, Francisco Villanueva Carbonero, un opulento comerciante de la ciudad de As Burgas, lo advertía. Ante la carestía de alimentos y el aumento de pobreza, “poca broma” ... Lo tuvo claro Maslow, psicólogo humanista, cuando estableció con su pirámide la jerarquía de las necesidades, y ya lo tenía transparente, en 1920, la mayoría de los diarios nacionales. Si el Gobierno, en esta ocasión, no atendía a las necesidades de los ciudadanos, no solo por inactividad política sino por torpeza de los gobernantes, el motín que comenzaba en la capital ourensana se reproduciría por todo el país. “Toda España -decía la prensa- va a ser Ourense”. Ni la Providencia, la única mano que, a veces, aún sostiene lo insostenible, perdonaría al gobierno de Dato.

Lo cierto es que, en la primavera de 1920, había una grave crisis de subsistencia. Ante la escasez de productos básicos como el pan, las patatas o las verduras, los ciudadanos ourensanos pensaban que se negociaba con el hambre. Unos, los especuladores, veían el cielo abierto para obtener grandes beneficios; otros, los ciudadanos, culpaban a los acaparadores que se enriquecían con maniobras agiotistas. Las autoridades fruncían el ceño, pero estaba claro que más pronto que tarde la capital estaba a dos dedos de la rebelión. Y, el martes 18 de mayo, una multitud de ourensanos, en especial, mujeres y niños, abarrotaban las calles para manifestarse al grito de ¡pan! Ni eran profesionales de la revolución, ni revoltosos sistemáticos. Tan solo le pedían al Gobierno que sacasen medidas contra el encarecimiento de los artículos de primera necesidad.

A la puerta de una tahona en Madrid. Hoy 21-05-1920.
A la puerta de una tahona en Madrid. Hoy 21-05-1920.

No obstante, de repente, todo se desmadró. Ante la mirada impotente de las fuerzas de seguridad desbordadas por la situación, un grupo de mujeres se dirigió al Puente Mayor para entrar en el establecimiento de Florentino Moretón. La que más la que menos salía cargada con sacos de arroz, azúcar, aceite, jabón, velas … El hecho se expandió como fuego por la pólvora y, enseguida, sufrieron la misma ira de la muchedumbre otros negocios como almacenes de la viuda de Eire en el Posío, el bazar de la Viuda e Hijos de Celestino Vázquez, el comercio de los Hijos de Fernando Olmedo en la calle de la Paz o el Bazar Cisneros, en la Plaza Mayor. Cuando el gobernador civil vio que los tumultos iban en aumento y que los escaparates de los negocios de la calle del Instituto y de la de Progreso, se rompían, a la vez que se saqueaban con impunidad -resultaba grotesco ver a mujeres que se llevaban botas de un solo pie-, se vio obligado a cederle el mando a la autoridad militar. Tras, declarar el Estado de guerra, en unas horas se restablecía el orden.

Casa del Pueblo en Ourense hasta la inauguración del nuevo edificio. Vida Gallega nº 413.
Casa del Pueblo en Ourense hasta la inauguración del nuevo edificio. Vida Gallega nº 413.

Ministerio de la Gobernación se le echaba la culpa del desaguisado, a la tardanza en la toma de decisiones de las autoridades locales. El gobernador civil se escudaba en que no se habían adoptado medidas más enérgicas antes, porque “en los primeros momentos la manifestación estaba compuesta, predominantemente, por mujeres y niños”. Sin embargo, Bergamín -ministro de Gobernación-, tenía una percepción diferente. Para él, el motín respondía, claramente, a una explosión revolucionaria. La Casa del Pueblo auriense había estado tan activa que el Ministerio veía en ella la excusa perfecta para defender ante la opinión pública que todo obedecía a un plan sindicalista; más aún, después de que se saqueasen una gran cantidad de negocios, en los que no existían artículos de primera necesidad. La ruptura de escaparates por parte de los amotinados le permitía insistir, una y otra vez, en la idea de la eterna confabulación revolucionaria. Todo obedecía -según el ministro- a abonar el terreno para que prendiese una nueva huelga general. El gobierno, sin tapujos, desviaba el golpe hacia el complot de las turbas obreras ourensanas, pensando que así se aliviarían sus males. Pero, al no tomar medidas conducentes a solucionar el problema de los exorbitantes precios de los artículos de primera necesidad, soliviantó a las masas. Las clases populares de Madrid, en apenas unos días, al igual que había sucedido en Ourense, se lanzaban a las calles, también al grito de ¡Pan…! ¡Hay hambre…!

El acaparador. Hoy nº 143 .
El acaparador. Hoy nº 143 .

A estas alturas, afortunadamente, en la ciudad de As Burgas, las autoridades locales ya tenían claro que para frenar los tumultos no bastaban las armas, sino que era necesario, fundamentalmente, abastecer al pueblo. El primer teniente alcalde -Emilio Amor-, el gobernador civil, y el secretario de la Junta de Subsistencias habían estudiado antecedentes legales, para ver la forma de pedirle a la Corporación Municipal la incautación de harinas. De forma simultánea, se establecía una tahona en la que se expendía pan a un coste muy económico. Entretanto, el motín que había comenzado en la capital ourensana ahora se reproducía por todas las partes del país, corregido y aumentado.

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