Manuel Baltar
Fiebrero
Es tal el cúmulo de noticias relacionadas con presuntos casos de corrupción y otros escándalos que, en la esfera de la política, la situación española va camino de parecerse a lo que fueron los agónicos días que precedieron a la caída del presidente norteamericano Richard Nixon en tiempos del famoso caso del Watergate.
Nixon, que acabó dimitiendo tras haber negado toda relación con aquél escándalo, pasó los últimos meses de su mandato criticando a los medios que publicaban los detalles del caso y desacreditando a los periodistas que levantaron la liebre. Hace unos días, en el transcurso de la sesión de control al Gobierno, Pedro Sánchez, a quien le sienta mal el periodismo independiente que viene dando cuenta de diversos casos de presunta corrupción, aprovechó la tribuna del Congreso para denostar la tarea de algunos medios digitales y señalar por su nombre a un periodista. Un hecho a todas luces reprochable por lo que tiene de intimidatorio. Una deriva que delata un talante autoritario porque en democracia quien ostenta el poder tiene que asumir el escrutinio de sus actos y sí considera que es víctima de calumnias dirimir la cuestión en los tribunales. Que no está siendo el caso.
Salvando las distancias, semejante deriva recuerda lo que fue la errática conducta de Nixon y sus colaboradores más cercanos en los meses que precedieron al “impeachment”, el procedimiento parlamentario previsto en los EE.UU. para destituir a un presidente acusado de delitos graves o abusos de poder. Richard Nixon acabó dimitiendo al constatar la pérdida de apoyo parlamentario.
En España lo más parecido al “impeachment” sería la moción de censura. Aquí hemos asistido a una que fue trabada en un discurso contra la corrupción del PP. Gracias a ella Pedro Sánchez consiguió la llave de La Moncloa. El portavoz de aquella moción fue el ex ministro socialista José Luis Ávalos, hoy en prisión acusado de graves delitos relacionados con casos de corrupción y tráfico de influencias. Pero Madrid no es Washington, aquí los escándalos que por cercanía política o familiar señalan a Sánchez ni promueven una moción de censura, ni el interesado parece dispuesto a limpiar su imagen sometiéndose a una cuestión de confianza. Así que la cosa seguirá en los términos que conocemos y la pregunta de Alberto Núñez Feijóo: ¿qué mas tiene que pasar? -se entiende que para acabar con esta situación- seguirá sin respuesta.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
"MERCADOS EXCELENTES"
Xunta y Diputación vuelven a tender la mano por la Plaza de Abastos Nº1
ENTERRO DA SARDIÑA
Risas y llantos despiden el Entroido en Carballiño
INSCRIPCIONES ABIERTAS
El consorcio provincial contra incendios convoca 17 plazas de bomberos