Velos del futuro

DÍAS Y COPLAS

Publicado: 19 feb 2026 - 00:40
Pilar Falcón
Pilar Falcón | La Región

El carnaval emociona al incrustar un poco de brillantina en lugares que no sabíamos que teníamos, y reflexiona sobre por qué nos pareció buena idea disfrazarnos de Cruella de Vil o de unicornio fluorescente. Y justo cuando creemos que ya hemos superado la fase de cubrirnos la cara aparece en la conversación el niqab y el burka diciendo: ¿Te creías original? Ambas prendas femeninas utilizadas como norma en la vida social islámica cubren el rostro y el cuerpo. El burka es túnica de una sola pieza que tapa todo dejando una rejilla para los ojos; mientras que el niqab es un velo que cubre el rostro, pero libera los catalejos faciales. El burka es un no quiero que me reconozca ni Google Maps de la moda y el niqab una especie de te dejo mi mirada, pero no te emociones que es lo único que vas a ver.

Ambas indumentarias responden a normas en contextos islámicos que, comparadas con la máscara de carnaval, la diferencia es clara: sirve para hacer unas risas un fin de semana y el burka y el niqab son parte de la vida diaria y ponen su espacio en el tema de la inmigración. Quizá lo más curioso es que, después de días disfrazándonos por diversión, terminamos hablando de ropas que para muchas mujeres no son un juego ni una fiesta. Tienen significados complejos de identidad, tradición, espiritualidad, presión social, protección y empoderamiento, depende de a quién preguntes. Y ahí es donde el humor se mezcla con la realidad porque no todas las máscaras se eligen, ni todas se llevan para pasarlo bien.

Este martes el Congreso debatió una iniciativa para prohibir el velo integral en espacios públicos, una proposición de VOX intentando crear un tema para ocupar los titulares y donde los reparos políticos se mezclan con la aceptación popular. España no es Francia o Austria donde ya la población islámica es un problema, pero cuestionarse la realidad para proteger el futuro parece, de entrada, un acierto. El texto planteado por Vox prevé modificar el Código Penal, la ley de seguridad ciudadana y la de derechos y libertades de los extranjeros en España. Se propone la modificación del Código Penal para prohibir el uso del niqab y burka en espacios públicos o en lugares privados con proyección a un espacio o uso público. La ley de seguridad ciudadana se modifica para que llevar cualquier prenda que dificulte la identificación de una persona por cubrir su rostro suponga una infracción grave en el marco de la seguridad ciudadana y se propone modificar la ley de derechos y libertades de los extranjeros en España para que usar el niqab o burka de forma reiterada pueda ser castigado con la expulsión del territorio español eliminando el principio de proporcionalidad y la posibilidad de multa.

La tentación de cualquier poder es simplificar con menos preguntas, menos críticas, menos ruido. Pero la democracia es ruido, es fricción, es debate. Y un gobierno que se toma en serio su papel entiende que la incomodidad es parte del oficio. Discutir sobre libertades no debilita al Estado; lo fortalece. Lo obliga a justificarse, a ser transparente, a recordar que su autoridad no es un cheque en blanco, sino un préstamo renovable. La conclusión que nadie debería olvidar es que un gobierno que habla de libertades demuestra que confía en su ciudadanía. Uno que evita el tema demuestra que no confía ni en sí mismo. Guardamos las máscaras venecianas, las pelucas imposibles y ese disfraz que juramos que este año sí iba a ser cómodo.

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